Compartiendo nuestro carisma

CristinaEn «El rostro femenino de Dios» de Cristina Kaufmann, DDB leemos, entre otros muchos pensamientos de una hondura peculiar por su sencillez:

En la vida de una carmelita no hay hechos, figuras, lecturas o espectáculos que sobrepasen el impacto que causa Dios.

Cristina Kaufmann, Carmelita Descalza en el Carmelo de Mataró. Nuestra hermana nació en 1939 en Baden (Suiza), en el seno de una familia numerosa. A los 12 años su encuentro con el cuadro Mater Dolorosa del Greco suscita su deseo de conocer España, 7 años después viaja a Barcelona donde permanecerá 10 meses. Allí descubrirá su fascinación por el mundo mediterráneo. En 1960 vuelve a Suiza y durante dos años trabaja en la maternidad de Baden. Pero algo queda en su interior que le hace sentir gran nostalgia por España. Aquella vocación de carmelita que ya se le había insinuado en su adolescencia se hace más insistente y le lleva de nuevo a Barcelona, donde acoge la llamada de Dios. En 1964 ingresa en el Carmelo de Mataró. Desde entonces su vida transcurre entre las pequeñas cosas de cada día.

Entre sus lecturas favoritas estaban los escritos del teólogo alemán Karl Rahner de quien se sentía hija espiritual.

El 10 de mayo de 1984, en el programa de TVE Buenas noches apareció entrevistada por Mercedes Milá. Esta entrevista despertó sorpresa y admiración en el público que pudo contemplar a una monja con aspecto juvenil, aún siendo la priora de su monasterio, y que conversaba con total naturalidad y espontaneidad.

Nuestra hermana del Carmelo de Mataró pasó al Padre el martes de Pascua, 18 de abril del año 2006 aquejada de cáncer linfático. Su actitud fue siempre de paz, de profundo recogimiento, de total abandono, con soberana libertad y colaboración a la obra de Dios en ella. «Querida hermana, nos encomendamos a tu valiosa intercesión por todas, tú ya has caminado valientemente… gracias por ser tú misma…»

(Reseñas extraídas del libro citado al principio y del blog de Internet «activos y contemplativos»)

Evangelio del Domingo XVIII del Tiempo Ordinario

El pan
el más sencillo lenguaje,
el alimento más fraterno.

Que se llame pan,
arroz, maná o mijo
de todos los tiempos y todos los lugares,

El pan,
que une a los hombres del modo más fundamental
y por el que hacen la guerra,

El pan,
lo que me resulta más familiar
y también lo más necesario.

Dar un trozo de pan
al que quiero amar,
es ya darse a uno mismo.

Recibir del cielo
mi pan de cada día
es levantar los ojos más allá de mí mismo.

Pan hecho de mil granos de trigo,
que a cambio de uno solo caído en tierra
se da cien veces a sí mismo.

Pan,
símbolo universal
de lo que se puede compartir.

Pan,
palabra silenciosa
del gesto de amistad.

Pan,
dado por el Amado
a aquel le ha traicionado.

Pan,
con el que el propio Dios
ha querido identificarse.

Pan,
que, cogido por las manos de Dios,
ha salvado a la humanidad.

Pan,
hecho de mil granos molidos,
amasado con todas nuestras heridas.

Pan,
en quien cada cual puede reconocerse
en su propia carne rota.

Pan,
sin el que ninguno de nosotros
podría sobrevivir.

Todos
tenemos hambre de pan,
pero de mucho más aún.

El mundo
corre en todas direcciones
para ganarse el pan.

Hay hombres
que están dispuestos a cualquier cosa
por un mendrugo de pan.

En ciertas prisiones,
una miga de pan
valía su peso en oro.

Tirado a veces a la basura,
escandaliza los ojos demasiado grandes
de pequeños niños hambrientos.

Pan:
no sirve de nada atesorarlo en el granero,
porque mañana se pudrirá u otro lo cogerá.

Pan
que Dios ha hecho llover del cielo,
pero que no se podía conservar de un día para otro.

Pan
que manos de tantas mujeres
han trenzado a lo largo de los siglos.

Pan
que por todo el mundo,
como una cadena invisible, ha amasado la humanidad.

Una monja   (Familia monástica de Belén)