DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

Anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres –así tendrás un tesoro en el cielo- y luego sígueme A estas palabras él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico. En estos versículos el evangelista quiere decir algo a la comunidad acerca de la postura frente a las posesiones, frente a las riquezas y a la pobreza. Marcos ha reunido varios fragmentos que la tradición evangélica atribuye a Jesús formando con ellos una unidad mayor, en la que pueden reconocerse tres partes: el encuentro de Jesús con un hombre rico (17-22); el diálogo de Jesús con sus discípulos acerca del impedimento que representan las riquezas para alcanzar el Reino de Dios (23-27); la pregunta de Pedro sobre la recompensa del seguimiento en pobreza y la respuesta de Jesús (28-31). El encuentro de Jesús con el joven rico ha preocupado mucho a los expositores, principalmente por lo que atañe al problema de los consejos evangélicos. ¿Se trata de proponer un camino “superior” para algunos que ya practican los mandamientos o se trata de una invitación general para todos los discípulos de Jesús? Es necesario recordar que en la tradición bíblica la riqueza y la salud son signos de la bendición divina. Ciertamente este episodio, como el del mandamiento principal, son una invitación universal porque se dirige a los discípulos. El joven practica desde muy niño los mandamientos, pero es necesario un paso más. Jesús advierte del peligro de las riquezas, señalando a la vez la recompensa del desprendimiento. Con su respuesta al hombre rico, dispuesto siempre a acumular, incluso tratándose de méritos y prácticas religiosas, Jesús hace ver a sus discípulos que la vida eterna no se asegura añadiendo, sino más bien restando, vendiendo, dando, hasta quedar totalmente despojado, aligerado y libre para el seguimiento. Jesús no habla de cantidades ni de números, simplemente invita, advierte, exhorta, promete. La salvación no es una conquista humana. Es un don gratuito de la misericordia divina. Jesús advierte del poder de las riquezas que pone en peligro la salvación. El ejemplo del hombre rico que, por causa de las riquezas, se negó a seguir a Jesús, ilustra ese peligro que acecha a todos los hombres desde sus posesiones. En ese caso tiene un alcance típico y puede hablar a los hombres de todos los tiempos. Es una realidad que alcanza a todos los discípulos de Jesús, aunque para algunos será una opción radical de por vida. Ciertamente ante esta invitación de Jesús no todos están obligados a la misma respuesta, pero sí a poner especial atención al peligro de las riquezas que pueden comprometer la consecución de la vida eterna. Esta postura encaja perfectamente con la trayectoria de Jesús: sus actitudes, comportamiento y mensaje. . Todo es bueno y todo puede ser utilizado por el hombre, pero atendiendo a la realidad humana es necesario tener siempre presente esta exigencia de Jesús. Hoy como ayer sigue siendo un evangelio vivo, comprometedor y consolador.

Fr. Gerardo Sánchez Mielgo
Convento de Santo Domingo. Torrent (Valencia)

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