COMPARTIENDO CARISMA

Cristina

Cito a la Hna. Cristina Kaufmann en su reflexión sobre nuestro santo padre, Juan de la Cruz, precisamente hoy, 14 de diciembre en que los Carmelitas celebramos solemnemente al gran santo de Fontiveros.

Me parece importante descubrir en él un estilo de autoridad y magisterio espiritual que no se basa en leyes, observancias accidentales, normas minuciosas, sino que va a la raíz misma de la condición humana llamada-y por eso capacitada-a llegar desde su finitud y limitación por el austero camino de la vida concreta y muchas veces insignificante, a un destino glorioso. sirva como ejemplo y explicación de lo que intento decir la siguiente cita de una carta a doña Juana de Pedraza: «¿Qué piensa que es servir a Dios, sino no hacer males, guardando sus mandamientos y andar en sus cosas como pudiéremos?Como esto haya, ¿qué necesidad hay de otras aprehensiones ni otras luces…?» (12 oct. 1589)

Quien ayude y acompañe así a las hermanas descalzas participa de la autoridad de san Juan de la Cruz y de su hermandad, y más aún, participa de la vocación de Jesús que es «Hermano, Compañero y Maestro» y no necesita de complicadas leyes y normas para garantizar la pervivencia o supervivencia del carisma teresiano-sanjuanista entre las descalzas. La fraternidad vivida desde la hondura de la vida teologal al estilo de Teresa y Juan es fuente de vida inagotable y al mismo tiempo fruto de santidad para la iglesia entera con influjo regenerador en toda la humanidad.

Así se expresaba nuestra hermana Cristina en su libro «El rostro femenino de Dios» (Ed. Desclée De Brouwer, p. 182)

Solemnidad de San Juan de la Cruz

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“Jesús llegó al templo y, mientras enseñaba, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo para preguntarle: ¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad? Jesús les replicó: Os voy a hacer yo también una pregunta… El bautismo de Juan ¿de dónde venía, del cielo o de los hombres?… Respondieron: No sabemos. Él… les dijo: Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto” (Mateo 21,23-27).

Celebración Orante en la fiesta de San Juan de la Cruz

Comenzamos escuchando el saludo del papa Benedicto XVI: “La puerta de la fe, que introduce en la vida de comunión con Dios y permite la entrada en su Iglesia, está siempre abierta para nosotros. Se cruza ese umbral cuando la Palabra de Dios se anuncia y el corazón se deja plasmar por la gracia que transforma. Atravesar esa puerta supone emprender un camino que dura toda la vida” (PF 1).

En el Adviento, le pedimos a Juan de la Cruz que nos acompañe . Un místico, un enamorado de Dios, su Amado, que cantó la “Llama de amor viva”. Vamos a escucharle.

1. EXPERIENCIA DE LA NOCHE

Escuchamos sus versos:

Para venir a gustarlo todo
no quieras tener gusto en nada.
Para venir a saberlo todo
no quieras saber algo en nada.
Para venir a poseerlo todo
no quieras poseer algo en nada.
Para venir a serlo todo
no quieras ser algo en nada.
Para venir a lo que gustas
has de ir por donde no gustas.
Para venir a lo que no sabes
has de ir por donde no sabes.
Para venir a poseer lo que no posees
has de ir por donde no posees.
Para venir a lo que no eres
has de ir por donde no eres.
Cuando reparas en algo
dejas de arrojarte al todo. 
En esta desnudez halla el
espíritu su descanso, porque no
comunicando nada, nada le fatiga hacia
arriba, y nada le oprime
hacia abajo, porque está en
el centro de su humildad. 

Vamos a atrevernos a vivir algo de esto que nos dice Juan de la Cruz. ¿Os parece?

. Busca un lugar en el que puedas estar a solas (Cualquier rincón es bueno).

. Cierra los ojos a tantas luces que no te iluminan y entra en la noche (Se apagan las luces).

. Haz silencio de tantas palabras vacías, que no llegan al corazón. Busca el silencio.

. Póstrate, inclínate como gesto de verdad, de no querer valer más que otros, de no pretender grandezas que te superan.

. Ponte en humildad, que es andar en verdad

. Si quieres llegar a tenerlo todo, si quieres abrazar con la fe a tu Amado Dios (Un tiempo de silencio)

Canto: Busca el silencio, ten alerta el corazón, calla y contempla.

POEMA DE JUAN DE LA CRUZ: “LA NOCHE”

En una noche oscura,
con ansias en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!,
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada.
A oscuras y segura,
por la secreta escala, disfrazada,
¡oh dichosa ventura!,
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.
En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía. 
Aquésta me guiaba
más cierto que la luz de mediodía,
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.
¡Oh noche que guiaste!
¡oh noche amable más que el alborada!
¡oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada!
En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.
El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería
y todos mis sentidos suspendía.
Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el Amado,
cesó todo y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado. 

2. EL AMOR DE DIOS SALE A NUESTRO ENCUENTRO EN JESUS

Mira el Cristo que pintó Juan de la Cruz, expresión del amor entregado de Dios para nosotros, signo de un Dios que se anonada, que esconde su rostro, para darnos vida. (Se muestra el icono de Cristo. Mientras lo miramos, escuchamos la palabra de Juan 3,16: “Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna”).

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De la cruz nace la eucaristía, Fonte que mana y corre en la noche, presencia de amor de Jesús en medio de nosotros.

Aquella eterna fonte está escondida
en este vivo pan por darnos vida.  
Aunque es de noche.
Aquesta viva fuente que deseo
en este pan de vida yo la veo.
Aunque es de noche. 
Gocémonos, Amado,
y vámonos a ver en tu hermosura
al monte o al collado,
do mana el agua pura;
entremos más adentro en la espesura. 

3. LA LLAMA DEL ESPÍRITU

¡Oh llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro! 

El Padre y el Hijo nos regalan la llama de amor viva del Espíritu, para que su fuego y su alegría nos acompañen en el camino de la fe. Esta llama se acerca a nuestros corazones para encender la llama del amor.

  • “Esta llama de amor es el Espíritu Santo, al cual siente ya el alma en sí” (Ll 1,1,3). (Todos: Ven Espíritu Santo, toca nuestra vida, enciende en nosotros el amor. Haznos cercanos a los que sufren.
  • “Estos actos de amor del alma son preciosísimos; y merece más en uno y vale más que cuanto había hecho en toda su vida sin esta transformación” (Ll 1,1,3). Ven Espíritu Santo. Transfórmanos. Enséñanos a confiar en tu amor en medio de las dificultades.
  •  “En este estado no puede el alma hacer actos, que el Espíritu Santo los hace todos y la mueve a ellos; y por eso, todos los actos de ella son divinos, pues es hecha y movida por Dios” (Ll 1,1,4). Ven Espíritu Santo, modela nuestra vida con tus inspiraciones, para que seamos testigos creíbles del Evangelio.
  • “Y así, estando esta alma tan cerca de Dios, que está transformada en llama de amor, se le comunica el Padre, Hijo y Espíritu” (Ll 1,1,6). Ven Espíritu Santo, danos entrañas de misericordia ante toda miseria humana.
  •  “En la sustancia del alma, donde ni el centro del sentido ni el demonio puede llegar, pasa esta fiesta del Espíritu Santo” (Ll 1,1,9). Ven, Espíritu Santo. Llena de alegría a la Iglesia.

 4. LA DANZA Y LA ALEGRÍA EN EL CAMINO DEL AVIENTO

La alegría, que el Espíritu pone en nuestros corazones, nunca es egoísta, siempre es solidaria, cercana a los que sufren, creadora de comunión en la Iglesia. Esa alegría tiene su fuente en Dios, y, por eso, es para todos. Esta alegría es la que cantó María en su magníficat inaugurando un mundo nuevo. Al cantar y danzar este gozo en el Espíritu, nosotros nos unimos también al sueño que Dios tiene para la humanidad.

Alabad al Señor en su templo,
alabadlo en su fuerte firmamento.
¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!
¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!
Alabadlo por sus obras magníficas,
alabadlo por su inmensa grandeza.
Alabadlo tocando trompetas,
alabadlo con arpas y cítaras,
alabadlo con tambores y danzas,
alabadlo con trompas y flautas,
alabadlo con platillos sonoros,
alabadlo con platillos vibrantes.
Todo ser que alienta alabe al Señor.
¡Aleluya! 

En este camino, Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, viene con nosotros y nos bendice.

En el camino del Adviento, Juan de la Cruz ha sido una luz, nos ha regalado su palabra de testigo y místico. La meta es la Navidad. ¡Feliz camino!

III DOMINGO DE ADVIENTO 2015

“Llevas en tu interior un pequeño cielo donde ha puesto su morada el Dios del amor” (Beata Isabel de la Trinidad).

Entonces, ¿qué hacemos?

En estos nuevos tiempos que nos toca vivir nos preguntamos qué es lo que tenemos que hacer o cómo tenemos que ser, qué nos tiene preparado el Espíritu, a qué nos empuja. Buscamos luz. Buscamos a aquellos, en cuyas vidas percibimos el perfume del Espíritu. Los profetas, con su vida y palabra, son como la antesala de la oración. Ellos pasan, pero dejan fuego y preguntas en el corazón que apuntan al compromiso. Con su palabra apasionada dan un vuelco a estilos de vida acomodados; incomodan pero señalan la Verdad; invitan a caminar. ¿En dónde están esos profetas? ¿En dónde están esos hombres y mujeres que despiertan del letargo y encienden motivaciones hondas para vivir? Nos detenemos un momento para descubrirlos. ¿Qué nos dicen? “El alma más débil es la que más motivos tiene para esperar” (Beata Isabel de la Trinidad).

‘El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo’

Estemos como estemos, nos ponemos en camino. Abrimos el corazón para acoger las propuestas de los profetas de hoy. Dios nos da posibilidades a todos. Nunca es tarde para volver a empezar cuando el camino emprendido era un atajo equivocado que no llevaba a ningún lugar. Los profetas nos señalan cosas concretas: que compartamos con los pobres; siempre hay algo en nuestros armarios que podemos compartir con los necesitados, siempre hay algo en nuestros frigoríficos repletos para aliviar a los que tienen muy poco. Que no robemos ni usemos la violencia. Que tomemos en serio las propias responsabilidades. Lo más decisivo y realista es abrir nuestro corazón a Dios mirando atentamente a las necesidades de los que sufren.  Hacemos una pausa para ver qué podemos compartir ahora mismo. ¿A qué nos empuja, hoy, el Espíritu Santo?El amor no es una palabra abstracta, es vida concreta. Seamos un oasis de misericordia para abrazar a los necesitados. “No dejemos nunca de amar” (Beata Isabel de la Trinidad).      

Él tomó la palabra y dijo a todos: ‘Yo os he bautizado con agua; pero viene el que puede más que yo y no merezco desatarle la correa de sus sandalias’.

¿Quién llenará de alegría nuestro corazón? ¿Quién nos salvará de nuestra nada? ¿Quién dará respuesta a la inquietud honda que llevamos en la interioridad? Los profetas, hechos a andar en verdad, lo señalan: ‘Viene alguien que es más y puede más’. En ese pondremos los ojos. Nuestra dolencia de amor solo se cura con su presencia y su figura. Él es el rostro de la misericordia. “Vivamos en el centro de nuestra alma donde él habita. Y entonces, hagamos lo que hagamos, viviremos en intimidad con Él” (Beata Isabel de la Trinidad).

Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.

La venida de Jesús es gratuita, sorprendente, fruto del amor que Dios nos tiene. Su corazón es misericordia. “Entremos por su puerta y dejemos atrás todos los miedo y dudas que nos lo impiden” (Papa Francisco). Jesús nos bautiza con el Espíritu Santo; Él nos compromete en gestos concretos de solidaridad y cultivando un estilo de vida más sencillo, austero y humano. Así queremos vivir la Navidad. “No nos purificamos mirando a nuestra miseria, sino mirando a Cristo que es todo él pureza y santidad” (Beata Isabel de la Trinidad).