El Escapulario del Carmen

Según la tradición, la Virgen entregó el Escapulario al Carmelita inglés San Simón Stock el día 16 de julio de 1251, asegurándole su protección en esta vida y en la hora de la muerte.

                                                                   BREVE  HISTORIA

            A finales del siglo XII nacía en el Monte Carmelo, de Palestina, la Orden de los Carmelitas. Pronto se vieron obligados a emigrar a Occidente. Aquí, en Europa, tampoco fueron muy bien recibidos por todos. Por ello el Superior General de la Orden, San simón Stock, suplicaba con insistencia la ayuda de la Santísima Virgen con esta oración:

            Flor del Carmelo, viña florida, esplendor del cielo, Virgen fecunda y singular. ¡Oh, madre tierna!, intacta de hombre, a los carmelitas proteja tu nombre, Estrella del mar.

Según la tradición en 1251 se realizó el prodigio. Un santoral del siglo XIV así lo cuenta:»Se le apareció la Bienaventurada Virgen María, acompañada de una multitud de ángeles, llevando en sus benditas manos el Escapulario de la Orden y diciendo estas palabras: «Este será el privilegio para ti y todos los Carmelitas: quien muriere con él se salvará».

Desde el S. XVI que es cuando se extiende por toda la cristiandad el uso del Escapulario del Carmen, casi todos los Papas lo han vestido y propagado.

San Pío X recordaba en el año 1950: «Es ciertamente el Escapulario como una librea mariana, prenda y señal de protección de la Madre de Dios. Mas no piensen los que visten esta librea que podrán conseguir la salvación eterna abandonándose a la pereza y a la desidia espiritual…» Desde entonces se difundió esta devoción y uso del santo escapulario del Carmen hasta que fue el vestido de reyes y nobles, pobres y ricos, clérigos y seglares, de todos los tiempos y lugares.

El Beato Pablo VI dijo: «Creemos que entre estas formas de piedad mariana deben contarse expresamente el rosario y el uso devoto del Escapulario del Carmen.»

San Juan Pablo II decía que «quien viste el Escapulario experimenta la presencia dulce y materna de María, con el compromiso diario de vestirse interiormente de Jesucristo. El Escapulario es signo de consagración a María y de protección continua de la Virgen Santísima no sólo durante el camino de la vida, sino también en el momento del tránsito hacia la plenitud de la gloria eterna.»

Se trata de un signo, un objeto de devoción con el cual externamente se manifiesta en quien lo lleva, amor a María, confianza filial en ella, compromiso de imitar su vida y un estilo de ser y de vivir al servicio de Dios y de los hermanos.

El Escapulario encuentra su verdadero sentido en el compromiso de seguir a Jesús, tal como hizo María, modelo perfecto del discípulo de Cristo. Y el origen de este compromiso está en el Bautismo que nos transforma en Hijos de Dios.

El Escapulario NO ES un elemento mágico protector, ni una garantía automática de salvación ni una dispensa de las exigencias de la vida cristiana.

El Escapulario ES un signo de adhesión y amor a María, expresión externa de pertenencia a la familia del Carmelo, un recuerdo constante de seguir a Jesús tal como lo hizo María, señal de la protección e intercesión de María.

El Concilio Vaticano II nos dice: «La verdadera devoción viene de la fe auténtica, que nos lleva a reconocer la excelencia de la Virgen María, y nos impulsa al amor filial hacia nuestra Madre y a imitar sus virtudes.»

Llevar el Escapulario indica pertenencia a la Orden de los Carmelitas, siendo partícipes de su carisma y espiritualidad. Quien lo lleva debe procurar tener siempre presente a la Santísima Virgen y tratar de copiar sus virtudes, su vida y obrar como Ella obró, según sus palabras: «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra.»  La Virgen María será siempre camino para llegar a Jesús. A su vez, Ella ha prometido su protección a quien lo llevare, para ser fortalecido en su vida cristiana día a día.

 

Lectura de la Palabra de Dios. 2Co 4,13–5,10 (Bendicional)

                     BENDICIÓN E IMPOSICIÓN

            El celebrante con las manos extendidas dice:

Oh, Dios, inicio y complemento de nuestra santidad,

que llamas a la plenitud de la vida cristiana

y a la perfección de la caridad

a los que han renacido del agua y del Espíritu Santo,

mira con bondad a estos hijos tuyos,

que reciben con devoción

este escapulario para alabanza de la Santísima Trinidad

y haz que sean imagen de Cristo, tu Hijo,

y así, terminado felizmente su paso por esta vida,

con la ayuda de la Virgen Madre de Dios,

sean admitidos al gozo de tu mansión.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R./ Amén

El celebrante asperja con agua bendita e impone el Escapulario diciendo:

Recibe este Escapulario por el cual quedas admitido en la familia de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo; llévalo como signo de su protección maternal y de tu compromiso por imitarle y servirla. Ella te ayude a revestirte de Cristo. Él vive en ti para gloria de la Santísima Trinidad y para cooperar en la Iglesia al bien de los hermanos. R./ Amén.

            La fórmula se dice una sola vez a todos y se impone a cada uno el Escapulario. Tras lo cual dice con estas u otras palabras:

Por la facultad que me ha sido concedida, os admito a la participación de todos los bienes espirituales de la Orden del Carmen.

            El celebrante concluye diciendo:

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre vosotros. R./ Amén.

 ACTO DE CONSAGRACIÓN A LA VIRGEN DEL CARMEN

¡Madre, Hermosura y Reina del Carmelo!

Son muchas las gracias que he recibido de tu Hijo Jesús a lo largo de toda mi vida por mediación tuya.

Por ello vengo a darte gracias y a consagrarme a tu Hijo y a Ti en cuerpo y alma.

¡Madre!: Te ofrezco:

  • Mis ojos para mirarte, mi voz para bendecirte, mi vida para servirte, mi corazón para amarte.
  • Que el bendito Escapulario que llevo sobre mi pecho sea un recuerdo de todas tus virtudes que procuraré imitar.
  • Que nunca tenga la desgracia de mancillar la blancura bautismal que simboliza mi Escapulario.
  • Que rechace todo aquello que me aleje de tu Hijo Jesús.
  • Que cuando el demonio y el mundo me atraigan con sus máximas, tu Escapulario me recuerde que soy hijo y hermano y que pertenezco a Jesucristo.
  • Madre, concédeme la dicha de que viva siempre mi lema: Conocerte, amarte, imitarte e irradiarte para mejor conocer, amar, imitar e irradias a tu Hijo Jesucristo.     
  •                                                Rafael Mª López Melús
Escapulario Nuevo

 

 

 

 

MI LEMA

  • Que mi Escapulario me acompañe siempre.
  • Que en él vea siempre a mi Madre celestial.
  • Que al besarlo lo haga con amor de hijo y como promesa de amarle más y servirle mejor.
  • Que su recuerdo y su presencia en mi pecho me anime a serle más fiel a su Hijo y a Ella.
  • Que en él vea grabadas todas las virtudes de mi celeste Madre y trate de vivirlas.
  • Que su constante presencia sobre mi corazón me ayude a evitar el pecado y a practicar la virtud.
  • Que su recuerdo nunca permita que me olvide de Ella y así puedo estar seguro que Ella no me abandonará.                        

 

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