DOMINGO XIII DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO C)

Con esta página comienza la parte central de la narración de Lucas. Casi diez capítulos (19-28) para hablar del viaje (o «subida») de Jesús a Jerusalén. Marcos y Mateo lo despachan en unos pocos versículos.

Para Lucas la ciudad santa representa el culmen, el punto de llegada de todo el itinerario de Cristo.

Con puntillosa insistencia, Lucas precisa, seis veces, que Jesús está viajando hacia Jerusalén. Se intuye inmediatamente, sin embargo, que la capital no es sólo el punto de llegada de un viaje, sino el coronamiento de una historia de esperas y promesas. Jesús llega finalmente a Jerusalén, pero sólo para cumplir, a través de su pasión, muerte y resurrección, su «éxodo» hacia el Padre. Viaje ideal y real al mismo tiempo. Así, pues, la historia termina en Jerusalén y vuelve a partir de Jerusalén.

Y es saliendo de aquí cuando los apóstoles deben «hacer éxodo» para llevar la «alegre noticia» hasta «los confines de la tierra» (Hech 1,8).

Jerusalén será el centro de los eventos sucesivos de la salvación. Para lo otros dos sinópticos -Marcos en particular- la perspectiva es diversa. Es más, existe una neta oposición entre Galilea y Judea. Galilea es la cuna del evangelio. Judea representa la tierra del rechazo. Jesús va a Jerusalén sólo para morir. Y la cita con el resucitado se fija en Galilea. Aquí es donde todo ha empezado. De aquí debe salir de nuevo el movimiento de evangelización para el mundo entero.

Volvemos a Lucas. El, evidentemente, no presenta un calendario de viaje. Hay que desaconsejar resueltamente a quien quiera seguir los diez capítulos en un mapa. Sería para volverse loco.

Encontramos a Jesús casi a las puertas de la ciudad santa. E inmediatamente después vemos que se dirige a Galilea. No esperemos de Lucas, sin embargo, precisiones meticulosas de tipo cronológico o topográfico. Su geografía, evidentemente, es una «geografía teológica». Su intento es presentarnos un movimiento ascensional, convergente hacia la ciudad de la luz.

Y, en este extraño e interminable itinerario, Lucas introduce narraciones de sucesos diversos, milagros, instrucciones a los discípulos, predicaciones a la multitud, diatribas del Maestro con los irreductibles adversarios. Lucas construye con mucha habilidad, aunque con algún que otro artificio, un marco que abraza una parte consistente del misterio de Jesús.

En el fondo del cuadro se perfila ya la sombra inquietante de la cruz.

ALESSANDRO PRONZATO
EL PAN DEL DOMINGO CICLO C
EDIT. SIGUEME SALAMANCA 1985.Pág. 136

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