DOMINGO XVIII DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO C)

LECTURA ORANTE DEL EVANGELIO: Lucas 11,1-13

“El amor está siempre naciendo” (Pascal).

‘Guardaos de toda clase de codicia’. 

No es ésta una palabra menor de Jesús; es una palabra muy necesaria para ponernos en verdad, desenmascarar la insensatez y no correr en vano por la vida. El vacío y la inseguridad no se curan con la codicia. La vida no depende de los bienes; la vida se recrea en otra fuente, la del amor gratuito e incondicional de Dios. Jesús, mientras vamos de camino con Él, nos invita a salir de la nada, del sinsentido, de la insensatez, que es adonde lleva la codicia. El ambiente que nos rodea nos hace propuestas contrarias a las de Jesús, nos lleva a una insolidaridad cruel. ¿Qué voz escucharemos? La oración, no pocas veces, es un tiempo de lucha. Escuchamos tu voz, Jesús. Queremos vivir en plenitud.    

¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha’. 

Se agrandan los graneros, pero no el corazón. Los grandes almacenes, donde se guarda lo que sobra, manifiestan la estrechez del corazón humano. Las reservas acumuladas no alivian la experiencia interna de escasez ni dan de comer a los pobres. La crisis que sufrimos es una crisis de ambición. Jesús dice que vivir de esa manera es un simulacro de vida. La alegría va por otros caminos. Entra en nuestro corazón, Jesús, y cámbianos.

‘Tienes bienes acumulados para muchos años: túmbate, come, bebe y date buena vida’. 

Esta es la mentalidad reinante en nuestra sociedad, disfrutada por unos pocos, deseada por muchos. Jesús no envida esta manera de vivir, al revés, le parece insensata, un fracaso. El ego ocupa el espacio, se aísla, todo es poco para él. ¡Qué manera tan egoísta de plantear la vida! No hay corazón, ni solidaridad, ni alegría. ¿Dónde están los otros: pobres, inmigrantes, pequeños de la tierra? Todos han sido descartados. ¡Qué injusto! Lo de Jesús es de otra manera: las necesidades disminuyen –puedo vivir con menos-, la austeridad compartida es una fiesta, los otros existen, hay espacio para la ternura. Enséñanos, Jesús, a plantear nuestra vida a tu manera.  

‘Esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado ¿de quién será?’ 

La insensatez tiene consecuencias; lo ve quien sabe mirar. Vivimos en la contingencia, no podemos olvidarlo. ¿Quién puede llenarnos la vida? ¿Por qué no comenzamos otro camino? Las distancias más largas se acortan cuando damos un paso. Estamos a un pensamiento de cambiar la vida. ¿Optamos por ello? Libéranos, Jesús, de la falsedad que no deja vivir.   

‘Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico para Dios’. 

El ego no es el centro de todo. Es un engaño acumular méritos ante Dios, también eso es un atajo equivocado que no conduce a la plenitud. ‘Sal fuera y gloríate en tu gloria’, allí donde se escuchan los susurros más hermosos de la vida. La verdadera vida está en el encuentro con Jesús, en sabernos amados gratuitamente por Él. Jesús es nuestra riqueza. Si caminamos con Él y con todos, ya somos ricos para Dios. Es hora de escuchar al corazón, ahí nos habla Jesús, ahí los pobres tienen sitio. Una nueva humanidad es posible. Jesús, tú eres mi riqueza. 

¡FELIZ DOMINGO!

SOLEMNIDAD DE SANTIAGO APÓSTOL, PATRÓN DE ESPAÑA

Dios nos da fuerzas para poder «beber de su cáliz»

Por: P. Jesús Martí Ballester |

1. «El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándolo de un madero. La diestra del Señor lo exaltó haciéndolo jefe y salvador, para otorgar a Israel la conversión con el perdón de los pecados»Hechos 4,33.

Este texto de los Hechos de los Apóstoles contiene el kerigma completo proclamado por ellos después de la resurrección, consiguientemente también por Santiago, que será el primero en derramar su sangre y participar plenamente en el cáliz redentor de Cristo, como respondió a Jesús que podía.

Bajo la autoridad de Pedro y con el acuerdo de los doce, se distribuyen la tierra conocida para proclamar este mensaje de perdón y de salvación, como les había ordenado Jesús.

2. Según la tradición, a España, provincia del Imperio, viene Santiago el Mayor, uno de los hijos del Zebedeo, el hermano de Juan. De carácter fuerte y ambicioso, arrebatado, Hijo del Trueno, y predilecto del Señor. Hispania, culturizada por Roma, se había enriquecido con un cruce de colonizaciones y civilizaciones.

Desde la Hesperia de los griegos y la Iberia de los cartagineses hasta de nuevo la Hispania romana, de vuelta al nombre de los fenicios, seguidores de los reyes del mito, Gerión, Gárgoris y Habis, su hijo incestuoso, amamantado por las ciervas del monte, como Rómulo y Remo por la loba de Roma, los iberos de África, antes de Argantonio, ya habían dado a nuestra patria el nombre primigenio de Iberia, como hija del padre Ebro, máximo exponente de la tierra.

Del centro y del norte de Europa, llegaron después los celtas, hombres rubios y algo más refinados, en contraste con los africanos, que eran morenos y fuertes. Del mestizaje de los dos pueblos nacerán los celtíberos, que darán el nombre a Celtiberia. Los griegos también colonizan a Iberia, antes de que vengan los romanos e integren la península como Hispania, constituida ya colonia romana.

Este cruce de invasiones dio lugar a un enjambre de paganismo y de religiones, necesitadas de evangelio y difíciles para recibirlo.

3. A este campo duro de siembra llega Santiago, y aquí, lejos de Oriente, en el «finis terrae» y confín del «mare tenebrosum», donde acaba la tierra, sembró las primeras semillas de las que brotaron los siete varones apostólicos, todos ungidos obispos de las primeras comunidades cristianas de España, que prepararán la gran gesta y la mayor evangelización de los nuevos pueblos de América, donde después de 1.500 años, España dejará la fe, la lengua, las costumbres y hasta el nombre de algunas ciudades, como Santiago de los Caballeros en la República Dominicana, Santiago en Cuba, en Brasil, en Panamá, en Costa Rica, en Paraguay, en Perú y en Chile.

Sudor y zozobra. Angustia y desamparo. Tanto sufría Santiago que María, la madre del Señor, compadecida de la soledad del Apóstol y, seguramente con la recomendación de su hermano Juan, y su “hijo”, vino en carne mortal a Zaragoza, la Cesaraugusta de nombre imperial, situada en la orilla del Ebro, a confortar su espíritu, según mantiene la vieja y arraigada tradición.

María fortaleció su corazón solitario, su siembra al parecer estéril, la tortura del Reino que no cuajaba. No hay soledad mayor que la del que habla un lenguaje que no es comprendido, ni él mismo comprende el lenguaje y la vida de aquellos a quienes trae la Vida, porque se expresan en códigos diferentes.

Su siembra dolorosa fue fecunda: Santiago introdujo a María en España y España introducirá a María igualmente en América y con ella la fe, hoy tan firme y floreciente. Vuelto a Jerusalén, «el rey Herodes lo hizo decapitar para complacer a los judíos».

A los que seguimos sembrando nos fortalece el pensar y ver que es verdad que el grano sembrado en tierra da mucho fruto, viendo la cosecha de la predicación del Apóstol, que parecía inútil.

4. Según el Codex Calixtinus del siglo XII, y la Leyenda Áurea del siglo XIII, los discípulos del santo transportaron su cuerpo por mar hasta Galicia, y lo depositaron cerca de la ciudad romana Iria Flavia.

Otra tradición hace protagonistas a los monjes andaluces que, huyendo de la invasión musulmana, subieron hacia arriba, llevando consigo los huesos de Santiago. Pero el hecho de la evangelización de España por Santiago consta ya en el Breviarium Apostolorum del siglo VII.

Su sepulcro, como el de Jesús en Jerusalén, en las Cruzadas, y el de Pedro y Pablo en Roma, en las romerías, se convirtió en lugar de peregrinación, para conseguir la perdonanza atravesando el Pórtico de la Gloria del maestro Mateo.

Allí nació Europa, y allí tiene sus raíces. A recobrar esas raíces de su evangelización convocó Juan Pablo II a Europa, en el año 1982: «Europa, sé tú misma». Venían de Europa los peregrinos, trasvasando fe, cultura y fraternidad. Con las multitudes vinieron también personajes como Carlomando y el Poverello de Asís.

Desde Somport a Roncesvalles, llegando hasta Puente la Reina en Navarra, la tierra riojana, y la castellana hasta arribar por fin en Galicia, a Santiago, Campo de estrellas. Decían los alemanes: Grande fue nuestra devoción en Roma ante San Pedro y San Pablo, pero la mayor la sentimos ante el sepulcro de Santiago en Compostela.

Avanzaban cantando sin importarles mezclar el latín con el alemán: “Herru Santiagu, Got Santiagu, eutreia, esuseia, Deus aia nos”. “Señor Santiago, Divino Santiago, adelante, arriba, Dios nos ayude”.

5. Bien puede decir Santiago con Pablo que «el tesoro de la fe lo llevamos en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros». Por eso aunque «nos aprietan por todos lados, no nos aplastan». Y si «nos entregan a la muerte por causa de Jesús, es para que la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal» 2 Corintios 4,7.

Como a Él lo entregaron a la muerte, también a nosotros. Por tres veces fue corregido por Jesús: En Samaria, cuando quería hacer llover fuego de destrucción. Cuando interpuso la mediación de su madre pidiendo el puesto más apetecible a su entender. Cuando en Getsemaní, se durmió mientras Jesús agonizaba: “¿No habéis podido velar una hora conmigo?”.

6. Con el martirio de Santiago se cumple la palabra profética de Jesús: «Beberéis mi cáliz». Se lo dijo cuando estaba lejos de desear la muerte, sino un cargo sobresaliente en el reino de Jesús, concebido a la manera humana, en competencia con Pedro, quien, con su hermano Juan, eran los tres predilectos de Jesús: Les había elegido para que vieran la resurrección de la hija de Jairo, la transfiguración y su oración en el Huerto. «No sabían lo que pedían» Mateo 20,20.

Ocurre hoy, como ayer y como siempre, cuando se busca, se pretende, se rodea el mundo y se interponen mediadores para conseguir los primeros puestos, sin darse cuenta de que el porrazo es más resonante, cuanto de más alto se cae. Ya dijo San Pío X, cuando le elevaron a obispo de Mántua: mientras el sacerdote lleva la cruz por dentro es soportable.

Cuando la lleva por fuera, es intolerable. Pero al que lo procuró hay que recordarle la frase castellana: “Fraile mostén, tú lo quisiste, tú te lo ten”.

7. Los dos Zebedeos, Santiago y Juan, sobre todo el impetuoso Santiago, como los discípulos que se indignaron cuando oyeron su pretensión, estaban aún verdes para la cosecha del martirio. No había venido todavía el Espíritu que les haría fuertes a unos y a otros para dar testimonio de la muerte y la resurrección de Cristo.

8. Que nadie se desespere ante su inmadurez en la fe, sabiendo que esta fuerza viene de Dios, que constantemente trabaja nuestro corazón, si le dejamos, con la gracia, con el riego de la oración personal, con los sacramentos, y especialmente con el de la Eucaristía, que estamos celebrando, con el que nos unimos a la Pascua de Jesús. Con su fuerza «nuestra tierra dará su fruto, porque nos bendice el Señor, nuestro Dios» Salmo 66.

DOMINGO XVII DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO C)

EL PADRENUESTRO SEGÚN SANTA TERESA DE JESÚS

Teresa en su libro «Camino de Perfección» dice:

CAPÍTULO 37. Dice la excelencia de esta oración del Paternóster, y cómo hallaremos de muchas maneras consolación en ella.
1. Es cosa para alabar mucho al Señor cuán subida en perfección es esta oración evangelical, bien como ordenada de tan buen Maestro, y así podemos, hijas, cada una tomarla a su propósito. Espántame ver que en tan pocas palabras está toda la contemplación y perfección encerrada, que parece no hemos menester otro libro sino estudiar en éste. Porque hasta aquí nos ha enseñado el Señor todo el modo de oración y de alta contemplación, desde los principiantes a la oración mental y de quietud y unión, que a ser yo para saberlo decir, se podía hacer un gran libro de oración sobre tan verdadero fundamento. Ahora ya comienza el Señor a darnos a entender los efectos que deja cuando son mercedes suyas, como habéis visto.

Orar para Teresa es advertir la presencia de Dios en el hombre, que se da permanentemente. Ella quiere que la vida de sus monjas sea una vida permanentemente orante.

La vida puede ser una oración permanente, si caemos en la cuenta de que estamos con Dios y Dios con nosotros.

A partir del capítulo IV: Antes de aprender a orar, da algunas premisas necesarias para que la oración sea verdadera.

Amor unas con otras

Desasimiento de todo .

Verdadera humildad (esta es la principal y la madre de todas, en la humildad tenemos que saber lo que somos nosotros y lo que es Dios)

Añade otra premisa para que la oración progrese: Tener una determinada determinación ( seguir cueste lo que cueste ).

En el capítulo XXI: Dice lo mucho que importa comenzar con gran determinación a tener oración, y no hacer caso de los inconvenientes que el demonio pone. (llegar hasta el final)

Para Santa Teresa la vida se debate entre el bien y el mal, entre Dios y el demonio.

En el capítulo II: Que trata cómo se han de descuidar las necesidades corporales, y del bien que hay en la pobreza.

Teresa vive fuerte esta virtud evangélica, dice que vida cómoda y oración no se llevan bien.

Elegir la pobreza es un acto de fe, es confiar en Él, que se preocupa y se ocupa de nosotros. Además, para Teresa, la pobreza nos da libertad.

» Y crean, mis hijas, que para vuestro bien me ha dado el Señor un poquito a entender los bienes que hay en la santa pobreza, y las que lo probaren lo entenderán, quizá no tanto como yo; porque no sólo no había sido pobre de espíritu, aunque lo tenía profesado, sino loca de espíritu. Ello es un bien que todos los bienes del mundo encierra en sí. Es un señorío grande»

EL PADRE NUESTRO

Es palabra de Dios. Es una oración enseñada por Jesucristo. Teresa nos quiere enseñar a orar con el Pater Noster, con ese matiz de la oración teresiana, que es un trato de amistad, » estando tantas veces a solas con quién sabemos nos ama»

Las fuentes de las que Teresa se basa son las Sagradas Escrituras, la Palabra de Dios.

Teresa creía que todo lo que Dios dice se cumple, ella hace lo que dice, de ahí que tenga tanta autoridad.

  Es el Señor quien le «ha dado un poquito a entender los bienes que hay en la santa pobreza». Él está con los pobres. «Verdaderas son sus palabras. No pueden faltar. Antes faltarán el cielo y la tierra» (n. 6). La pobreza es libertad, gozo y señorío. Permite «señorear todos los bienes del mundo otra vez, a quien no se le da nada de ellos» (n. 5).

Aunque no cita directamente la Biblia, se nota claramente que la usa constantemente.

Teresa fue autodidacta, ella dirá que Jesús fue su gran maestro.

«Nunca supe que cosa era rezar con satisfacción hasta que el Señor me enseño este modo»

» Quizá quería el Señor, ya que su Majestad fue siempre maestro, que no tuviese que agradecer nada a nadie»

«Siempre yo he sido aficionada y me han recogido más las palabras de los Evangelios que libros muy concertados. En especial, si no era el autor muy aprobado, no los había gana de leer. Allegada, pues, a este Maestro de la sabiduría, quizá me enseñara alguna consideración que os contente.

No digo que diré declaración de estas oraciones divinas (que) no me atrevería y hartas hay escritas; y que no las hubiera sería disparate, sino consideración sobre las palabras del Paternóster. Porque algunas veces con muchos libros parece que se nos pierde la devoción en lo que tanto nos va tenerla, que está claro que el mismo maestro cuando enseña una cosa toma amor con el discípulo, y gusta de que le contente lo que le enseña, y le ayuda mucho a que lo deprenda, y así hará este Maestro celestial con nosotras.»

Para que sus hijas oren con el Padre Nuestro, sabiendo lo que esconden las palabras de Dios, se acostumbren a la oración mental, saber a quién nos dirigimos y qué le decimos.

¿Quién va a prohibirnos pensar mientras rezamos?

No os espantéis, hijas, de las muchas cosas que es menester mirar para comenzar este viaje divino, que es camino real para el cielo. Gánase yendo por él gran tesoro, no es mucho que cueste mucho a nuestro parecer. Tiempo vendrá que se entienda cuán nonada es todo para tan gran precio.

2. Ahora, tornando a los que quieren ir por él y no parar hasta el fin, que es llegar a beber de esta agua de vida, cómo han de comenzar, digo que importa mucho, y el todo, una grande y muy determinada determinación de no parar hasta llegar a ella, venga lo que viniere, suceda lo que sucediere, trabájese lo que se trabajare, murmure quien murmurare, siquiera llegue allá, siquiera se muera en el camino o no tenga corazón para los trabajos que hay en él, siquiera se hunda el mundo, como muchas veces acaece con decirnos: «hay peligros», «fulana por aquí se perdió», «el otro se engañó», «el otro, que rezaba mucho, cayó», «hacen daño a la virtud», «no es para mujeres, que les podrán venir ilusiones», «mejor será que hilen», «no han menester esas delicadeces», «basta el Paternóster y Avemaría».

3. Esto así lo digo yo, hermanas, y ¡cómo si basta! Siempre es gran bien fundar vuestra oración sobre oraciones dichas de tal boca como la del Señor. En esto tienen razón, que si no estuviese ya nuestra flaqueza tan flaca y nuestra devoción tan tibia, no eran menester otros conciertos de oraciones, ni eran menester otros libros. Y así me ha parecido ahora (pues,) como digo, hablo con almas que no pueden recogerse en otros misterios, que les parece es menester artificio y hay algunos ingenios tan ingeniosos que nada les contenta), iré fundando por aquí unos principios y medios y fines de oración, aunque en cosas subidas no me detendré; y no os podrán quitar libros, que si sois estudiosas, y teniendo humildad, no habéis menester otra cosa.

Si no hay unión de oración vocal con oración mental, no es oración.

DOMINGO XVI DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO C)

Del diálogo de Jesús y Marta

(De las pequeñas obras de teatro compuestas por Santa Teresita)

 

JESÚS:            El trabajo es necesario

                        y a santificarlo vengo

                        Más la ferviente oración

                        debe siempre acompañarlo.

MARTA:          Sé, Señor, que estando ociosa,

                        no soy grata a vuestros ojos,

                        por eso en servir me agito

                        por daros platos sabrosos.

JESÚS:            Muy pura es tu alma, ¡oh Marta!

                        Y te gusta mucho dar.

                        Pero, ¿sabes la comida

                        que yo quisiera encontrar?…

MARTA:          Al fin lo comprendo, Jesús, belleza suprema

                        Vuestra mirada penetró mi corazón.

                        Es mi propia alma y no mis pobres dones,

                        lo que debo daros, ¡oh mi Salvador!…

JESÚS:            Tú corazón, sí, deseo

                        Y hasta él voy a bajar.

                        Los cielos y hasta su gloria

                        por ti he querido dejar.

SOLEMNIDAD DE LA VIRGEN DEL CARMEN

NOS LA REGALÓ COMO MADRE Y NOS ENTREGÓ A
ELLA COMO HIJOS

“Míos son los cielos y mía es la tierra; mías son las gentes, los justos son míos y míos los pecadores; los ángeles son míos, y la Madre de Dios y todas las cosas son mías; y el mismo Dios es mío y para mí, porque Cristo es mío y todo para mí.  

Este precioso texto de san Juan de la Cruz, está tomado de la Oración del alma enamorada (Dichos de luz y amor, 26-27).

Me siento totalmente identificado con estas osadas palabras. No merezco llamar “mía” a la Madre de Dios ni decir “mío” a todo lo que ahí se enuncia. Es el mismo atrevimiento que cuando rezamos el padrenuestro. La Madre de Dios es mía y mío es el amor de Dios, y el mismo Dios es mío, porque Cristo es mío y en Él todo es mío y para mí.

Santa Teresita, en la poesía “Vivir de Amor”, se experimenta habitada de Dios, y afirma que es por obra y gracia de su amor. Su amor de criatura. Un hermoso disparate. Ella sabe, como lo sé yo también, que el amor no tiene en nosotros su fuente, sino en Dios, que es Amor. Pero cuando Dios se desborda en nosotros, podemos, con verdad, llamarlo “nuestro”. A Dios y al prójimo lo amamos con su mismo amor; el amor nuestro de cada día es un amor siempre y cada día recibido de Dios. No existe más que el amor de Dios. Lo que pasa es que el mundo le tiene usurpado el nombre al Amor. Pero los cristianos, que hemos conocido el Amor, podemos entonar como propio este canto henchido de plenitud: “Míos son los cielos, la tierra, las gentes, los buenos y los malos, los ángeles, la Madre de Dios y todas las cosas, y el mismo Dios, porque en Cristo es todo mío y para mí”.

San Pablo nos recuerda que: “todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios” (1Cor 3,18-23). A través de Cristo hemos recibido un derroche de toda clase de bienes espirituales y celestiales. Dios es irreversible en sus dones (Rm 11,29). Y nos ha dado a su Hijo, dador de todo bien. Por eso, el contexto de este párrafo es la oración de un alma enamorada que ha recibido de Dios lo más que éste puede darle dándole a su Hijo.

El alma enamorada reza desde la certeza de saberse en posesión del don más inefable: “No me quitarás, Dios mío, lo que una vez me diste en tu Hijo Jesucristo, en quien me diste todo lo que te quiero” (San Juan de la Cruz).

Qué bien se unen aquí la voluntad de Dios en darnos lo que desde siempre nos quiere dar, y la nuestra en querer recibir lo que más queremos. Dios nos da lo que más quiere para que recibamos lo que más queremos. Pues la Virgen Madre de Dios, también se me ha dado. Al Hijo de Dios, que nos amó hasta el extremo (Jn 13,1), aún le quedaba un último regalo que hacernos. Nos dice el evangelio de Juan que Jesús desde lo alto de la cruz, “viendo a su Madre y a su lado al discípulo que tanto quería” nos la regaló como Madre y nos entregó a ella como hijos. Por eso, con toda verdad y con inmensa gratitud, puedo llamar mía a la Madre de Dios. Son palabras testamentarias y forman parte de las últimas voluntades del Señor, antes de entregar su espíritu al Padre.

Este último regalo de Jesús al discípulo dándole a María por Madre, está inscrito en la voluntad de Dios, y es necesario que Jesús lo realice para poder decir antes de entregar su espíritu: “Todo está cumplido”. Yo, como discípulo, recibo a María en mi casa, como un tesoro, como lo más preciado, como el regalo más hermoso de Dios. Pero Jesús no solo ha hecho mía a su Madre, sino que también me ha puesto a su cuidado haciéndome todo suyo. Para mí, vivir como carmelita, en obsequio de Jesucristo, es el mejor servicio que puedo hacer a la Madre de Dios.

 Rafael Mª León, OCD, Revista ORAR 254

DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO C)

Un perito de la ley pregunta cómo puede heredar la vida eterna. Jesús remite a las palabras de la ley que dicen: «Amarás al Señor, tu Dios… y al prójimo como a ti mismo» (10, 27). Iluminado por toda la experiencia de la historia de su pueblo, el letrado sabe amar a Dios. Desconoce, sin embargo, el contenido del amor al prójimo y por eso plantea nuevamente su pregunta (10,29). La respuesta de Jesús, formulada sobre un plano de parábola, supera todo lo que el hombre podía conocer sobre la vida. Los rasgos de la parábola son perfectamente conocidos. La manera de amar al prójimo consiste en ayudar al marginado o al que sufre cualquier tipo de dolencia. Ciertamente, el texto alude a un hombre al que asaltaron de camino los bandidos. Pero, dentro del contexto general, no importan las razones de ese asalto. El hombre es simplemente un símbolo de todas las personas que padecen con justicia o sin justicia, con razones o sin ellas. Jesús está diciendo que el buen prójimo no gusta de razones ni preguntas. Simplemente se percata de que existe una miseria y ofrece su asistencia. El carácter, funciones o responsabilidad del que se encuentra herido son problemas totalmente marginales. La ley que rige en todo es el descubrimiento de la necesidad ajena y la presteza en ofrecer ayuda.

Después de haber mostrado la espina dorsal de la parábola, queremos ocuparnos de algunos elementos marginales que ayudan a entenderla:

1) Sorprende el aire antirritual que se respira en el relato. El sacerdote y el levita, representantes oficiales del «amor de Dios» en la estructura religiosa israelita, pasan de largo ante el herido (10, 31-32). Su misma actitud demuestra que ese amor de Dios que representan es mentira y toda su existencia religiosa es un engaño.

2) El relato nos introduce en la secularidad de la vida. La realidad de nuestro amor al prójimo se juega en el campo de las relaciones simplemente interhumanas. Es allí donde tiene que penetrar el mandamiento de Dios y transformar nuestra existencia.

3) Al convertirse en norma de conducta, la parábola del buen samaritano puede ser el fundamento de un nuevo concepto de la humanidad. En esa humanidad se han superado las barreras fundadas en la raza o religión de las personas. Lo que importa es el amor comprometido. Recuérdese que nuestra escena ha suprimido las diversas emociones de los hombres que en ella participan. Pudiera pensarse que el sacerdote ha compadecido profundamente al herido, mientras que el samaritano se siente molesto por tener que ayudarle. Lo que importa en realidad es el amor que engendra comunión (ofrece ayuda).

4) Dentro del contexto del evangelio, la parábola recibe un matiz profundamente cristológico. El samaritano es Jesús. En su amor se manifiesta (y se realiza) el gran amor que Dios tiene por los hombres. De esa manera, el amor al prójimo que aquí se recomienda viene a interpretarse como una continuación de amor que Dios nos ha ofrecido.

5) Todo esto nos sitúa, finalmente, dentro de la exigencia de la misión. El mensaje de la iglesia ofrece ante los hombres el misterio del amor de Dios y les invita a comportarse de manera consecuente. Allí donde los hombres aman, como el buen samaritano, se supera a Satán y se introduce a Cristo en nuestro mundo.

COMENTARIOS A LA BIBLIA LITURGICA NT
EDIC MAROVA/MADRID 1976.Pág. 1322 ss.

DOMINGO XIV DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO C)

Designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos adonde pensaba ir él. 

Donde está Jesús hay movimiento, hay vida. La mística misionera la produce el encuentro con Él. El Espíritu nos pone de cara al mundo y nos envía para que hablemos mucho de Jesús. No es posible vivir la fe en Jesús de forma acomodada, con los brazos cruzados, sin horizonte misionero. Jesús nos empuja a salir a las periferias, adonde piensa ir Él. Nos quiere itinerantes para extender el Reino, nómadas del Evangelio, discípulos y  misioneros. Todos tienen derecho a saber que Dios les ama. La oración nos hace arriesgados para el envío. Aquí estamos, Señor.

Rogad al dueño de la mies que mande obreros a su mies. 

Jesús cuenta con nosotros, y desea que contemos con  Él, para llevar al mundo la alegría de Dios. Nos propone que oremos con determinación, que mantengamos esa llama encendida. La oración es un manantial de agua pura y permanente, vital para que el Reino sea nuestra pasión y nuestra vida. La oración es indispensable para escuchar la llamada a la misión y para mantener vivo el diálogo de amor con Jesús, que es quien nos envía. Orar es un privilegio increíble, que nadie nos puede quitar.Manda obreros a tu mies, Señor.

Cuando entréis en una casa, decid primero: ‘Paz a esta casa’. 

El encuentro con Jesús nos hace discípulos y misioneros. Sus palabras nos ilusionan. El Espíritu nos empuja a salir para estar cerca de la gente, entrar en sus casas, saludar, una y otra vez, con la paz. Los miedos quedan atrás, también la tristeza, el desaliento. Olvidando lo que está atrás, Jesús nos pone en camino, orientados hacia el Reino. Hay mucho que hacer o mucha gente a la que amar con el amor de Dios. Nos pide que vayamos al encuentro de este mundo, de éste no de otro, con valentía y gratuidad, ligeros de equipaje, con humor para sabernos reír de las dificultades y contratiempos. Sin más fuerzas que la amistad de Jesús y la frescura de su palabra. Con el gozo de los amigos encontrados en el camino, celebrando con ellos la alegría de haber encontrado a Jesús. Guía, Señor, nuestros pasos por el camino de la paz.  

Decid: ‘Está cerca de vosotros el Reino de Dios’. 

Para anunciar el Evangelio, no hacen falta grandes discursos que la gente no entiende. No son necesarias palabras de condena ni soflamas que aturden. Las gentes esperan pocas palabras, pero respaldadas con una vida coherente. No es posible decir que Dios está cerca si no nos acercamos a las personas. Lo único que un ser humano necesita saber es que Dios está cerca y que le ama. Lo que tienen que saber los pobres, los enfermos, los necesitados de liberación, es que Dios está cerca y está desbordante de compasión y ternura para todos. Basta con esto. El Evangelio, proclamado con sencillez y con valentía, tiene dentro de sí la fuerza de salvación. Tú, Señor, siempre estás cerca, siempre amas. Gracias.  

‘Estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo’. 

Volvemos con alegría de la misión de anunciar la alegría del amor del Padre a todos, que Jesús nos ha encomenzado. Estamos en la honda del Espíritu. Ha habido riesgos, pero ha habido más alegría. Nuestros nombres están en el corazón de Jesús. Con Él se ilumina nuestro futuro y el de muchos hermanos y hermanas. ¡Gloria a ti, Señor, Jesús!                                                    

¡FELIZ DOMINGO!