DOMINGO XVII DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO C)

EL PADRENUESTRO SEGÚN SANTA TERESA DE JESÚS

Teresa en su libro «Camino de Perfección» dice:

CAPÍTULO 37. Dice la excelencia de esta oración del Paternóster, y cómo hallaremos de muchas maneras consolación en ella.
1. Es cosa para alabar mucho al Señor cuán subida en perfección es esta oración evangelical, bien como ordenada de tan buen Maestro, y así podemos, hijas, cada una tomarla a su propósito. Espántame ver que en tan pocas palabras está toda la contemplación y perfección encerrada, que parece no hemos menester otro libro sino estudiar en éste. Porque hasta aquí nos ha enseñado el Señor todo el modo de oración y de alta contemplación, desde los principiantes a la oración mental y de quietud y unión, que a ser yo para saberlo decir, se podía hacer un gran libro de oración sobre tan verdadero fundamento. Ahora ya comienza el Señor a darnos a entender los efectos que deja cuando son mercedes suyas, como habéis visto.

Orar para Teresa es advertir la presencia de Dios en el hombre, que se da permanentemente. Ella quiere que la vida de sus monjas sea una vida permanentemente orante.

La vida puede ser una oración permanente, si caemos en la cuenta de que estamos con Dios y Dios con nosotros.

A partir del capítulo IV: Antes de aprender a orar, da algunas premisas necesarias para que la oración sea verdadera.

Amor unas con otras

Desasimiento de todo .

Verdadera humildad (esta es la principal y la madre de todas, en la humildad tenemos que saber lo que somos nosotros y lo que es Dios)

Añade otra premisa para que la oración progrese: Tener una determinada determinación ( seguir cueste lo que cueste ).

En el capítulo XXI: Dice lo mucho que importa comenzar con gran determinación a tener oración, y no hacer caso de los inconvenientes que el demonio pone. (llegar hasta el final)

Para Santa Teresa la vida se debate entre el bien y el mal, entre Dios y el demonio.

En el capítulo II: Que trata cómo se han de descuidar las necesidades corporales, y del bien que hay en la pobreza.

Teresa vive fuerte esta virtud evangélica, dice que vida cómoda y oración no se llevan bien.

Elegir la pobreza es un acto de fe, es confiar en Él, que se preocupa y se ocupa de nosotros. Además, para Teresa, la pobreza nos da libertad.

» Y crean, mis hijas, que para vuestro bien me ha dado el Señor un poquito a entender los bienes que hay en la santa pobreza, y las que lo probaren lo entenderán, quizá no tanto como yo; porque no sólo no había sido pobre de espíritu, aunque lo tenía profesado, sino loca de espíritu. Ello es un bien que todos los bienes del mundo encierra en sí. Es un señorío grande»

EL PADRE NUESTRO

Es palabra de Dios. Es una oración enseñada por Jesucristo. Teresa nos quiere enseñar a orar con el Pater Noster, con ese matiz de la oración teresiana, que es un trato de amistad, » estando tantas veces a solas con quién sabemos nos ama»

Las fuentes de las que Teresa se basa son las Sagradas Escrituras, la Palabra de Dios.

Teresa creía que todo lo que Dios dice se cumple, ella hace lo que dice, de ahí que tenga tanta autoridad.

  Es el Señor quien le «ha dado un poquito a entender los bienes que hay en la santa pobreza». Él está con los pobres. «Verdaderas son sus palabras. No pueden faltar. Antes faltarán el cielo y la tierra» (n. 6). La pobreza es libertad, gozo y señorío. Permite «señorear todos los bienes del mundo otra vez, a quien no se le da nada de ellos» (n. 5).

Aunque no cita directamente la Biblia, se nota claramente que la usa constantemente.

Teresa fue autodidacta, ella dirá que Jesús fue su gran maestro.

«Nunca supe que cosa era rezar con satisfacción hasta que el Señor me enseño este modo»

» Quizá quería el Señor, ya que su Majestad fue siempre maestro, que no tuviese que agradecer nada a nadie»

«Siempre yo he sido aficionada y me han recogido más las palabras de los Evangelios que libros muy concertados. En especial, si no era el autor muy aprobado, no los había gana de leer. Allegada, pues, a este Maestro de la sabiduría, quizá me enseñara alguna consideración que os contente.

No digo que diré declaración de estas oraciones divinas (que) no me atrevería y hartas hay escritas; y que no las hubiera sería disparate, sino consideración sobre las palabras del Paternóster. Porque algunas veces con muchos libros parece que se nos pierde la devoción en lo que tanto nos va tenerla, que está claro que el mismo maestro cuando enseña una cosa toma amor con el discípulo, y gusta de que le contente lo que le enseña, y le ayuda mucho a que lo deprenda, y así hará este Maestro celestial con nosotras.»

Para que sus hijas oren con el Padre Nuestro, sabiendo lo que esconden las palabras de Dios, se acostumbren a la oración mental, saber a quién nos dirigimos y qué le decimos.

¿Quién va a prohibirnos pensar mientras rezamos?

No os espantéis, hijas, de las muchas cosas que es menester mirar para comenzar este viaje divino, que es camino real para el cielo. Gánase yendo por él gran tesoro, no es mucho que cueste mucho a nuestro parecer. Tiempo vendrá que se entienda cuán nonada es todo para tan gran precio.

2. Ahora, tornando a los que quieren ir por él y no parar hasta el fin, que es llegar a beber de esta agua de vida, cómo han de comenzar, digo que importa mucho, y el todo, una grande y muy determinada determinación de no parar hasta llegar a ella, venga lo que viniere, suceda lo que sucediere, trabájese lo que se trabajare, murmure quien murmurare, siquiera llegue allá, siquiera se muera en el camino o no tenga corazón para los trabajos que hay en él, siquiera se hunda el mundo, como muchas veces acaece con decirnos: «hay peligros», «fulana por aquí se perdió», «el otro se engañó», «el otro, que rezaba mucho, cayó», «hacen daño a la virtud», «no es para mujeres, que les podrán venir ilusiones», «mejor será que hilen», «no han menester esas delicadeces», «basta el Paternóster y Avemaría».

3. Esto así lo digo yo, hermanas, y ¡cómo si basta! Siempre es gran bien fundar vuestra oración sobre oraciones dichas de tal boca como la del Señor. En esto tienen razón, que si no estuviese ya nuestra flaqueza tan flaca y nuestra devoción tan tibia, no eran menester otros conciertos de oraciones, ni eran menester otros libros. Y así me ha parecido ahora (pues,) como digo, hablo con almas que no pueden recogerse en otros misterios, que les parece es menester artificio y hay algunos ingenios tan ingeniosos que nada les contenta), iré fundando por aquí unos principios y medios y fines de oración, aunque en cosas subidas no me detendré; y no os podrán quitar libros, que si sois estudiosas, y teniendo humildad, no habéis menester otra cosa.

Si no hay unión de oración vocal con oración mental, no es oración.

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