DOMINGO VIII DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO A)

Un corazón ocupado por el afán de poseer, es un corazón lleno de este anhelo de poseer pero vacío de Dios. Por ello Jesús advirtió en más de una ocasión  a los ricos, porque es grande su riesgo de poner su propia seguridad en los bienes del mundo, y la seguridad definitiva está en Dios. En un corazón poseído por las riquezas, todo está ocupado por las riquezas, no hay sitio para la fe. Si, en cambio, se a Dios el sitio que le corresponde, es decir, el primero, entonces su amor conduce a compartir también las riquzas, a ponerlas al servicio  de proyectos de solidaridad y de desarrollo, como demuestran tantos ejemplos, incluso recientes, en la historia de la Iglesia. Y así la Providencia de Dios pasa a través de nuestro servicio a los demás, nuestro compartir con los demás.

Papa Francisco 2 de marzo de 201,4