DOMINGO IV DE CUARESMA (CICLO A)

Cuántas veces habremos leido este evangelio y cuántas veces nos habremos alegrado con él, pues nos habla de la luz que creemos merecer y poseer todos.

Pero cuánto peligro corremos al creernos esto porque dejamos de estar vigilantes, la vista se nos va otra parte, tras otros dioses, y nos olvidamos de que si tenemos luz es porque Cristo nos la dio, el nos la trajo del Padre.

Y aquí volvemos a recordar a Teresa de Jesús cuando nos habla de que la humildad es la mayor de las virtudes, y lo hacemos porque comprendemos, a través del evangelio de este domingo, que sólo siendo humildes podremos reconocer que el hermano que creíamos ciego ahora ve mejor que nosotros mismos, que el que creíamos nuestro enemigo ahora nos mira con amor.

Danos, Señor, la luz para seguirte en el camino, para ver a los que marchan con nosotros y para ayudar a los que se quedan atrás porque ya no tienen fuerzas para seguirte.

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