DOMINGO DE LA OCTAVA DE PASCUA. DOMINGO DE LA MISERICORDIA

Oh, Señor, cuánto me parezco yo a Tomás en muchas ocasiones, cuánto dudo de tu presencia en medio de los sufriemientos, las enfermedades, las incomprensiones, las injusticias…!

Mis ojos piden la misma prueba que exigió Tomás y todo porque mi corazón no escucha tus palabras, porque mis ojos se quedan sólo en lo que me rodea y no miran al interior, no te buscan.

En este domingo de la misericordia, Señor, te pido por todos los que tenemos ojos y no vemos; danos un corazón humilde para creer lo que de ti nos cuentan, para aceptar la corrección, para verte a ti en el testimonio de amor que nos dan los hermanos.