DOMINGO XII DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO A)

La expresión “no tengáis miedo” que se repite tres veces, se usa frecuentemente en el Antiguo Testamento para asegurar la ayuda divina. Ahora estas palabras de consuelo se dirige a los discípulos para que superen el miedo y la angustia que trae consigo la persecución.

Jesús sabe que la misión de los discípulos estará marcada por la persecución; por otra parte “el discípulo no es más que su maestro” y el Maestro será rechazado y lo mataran. Jesús exhorta a los Doce a ser valientes, a no tener miedo, confiando en el Padre que los cuida y los protege, que los conoce y los ama personalmente. La persecución se desencadenará contra los discípulos de Jesús porque la palabra que anuncian es palabra de verdad que desenmascara mentiras, coartadas y componendas, muy preciadas para quienes no quieren convertirse al amor. Sin embargo, tienen que proclamarla a todos, y la verdad prevalecerá, como la luz sobre las tinieblas. La misión de dar testimonio de Jesús y anunciar su Palabra no está reservada a un círculo restringido de personas, sino que, de hecho, cada discípulo -uniendo su suerte a la del maestro- es constituido en testigo y apóstol. Propio del testimonio, y así lo establece Jesús, es la comunión real y la pertenencia recíproca con él. Si alguien no da testimonio de Jesús siempre, no será reconocido como discípulo suyo delante del Padre.

SOLEMNIDAD DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

SAGRADO CORAZÓN

Vengo en lágrimas deshecho
A pedirte, Cristo mío,
Que rompas mi duro pecho
Y colmes tú su vacío.

Vengo débil y maltrecho,
Harto ya de mi extravío,
Mas, si mi fuerza sospecho,
En tu Corazón confío.

Recordando en esta hora
Tu piedad y compasión
Por aquella pecadora,

Más allá de mi razón
Y mi conciencia deudora,
Confío en tu Corazón,

Puerta de todo perdón,
De amor, de fe y de esperanza,
Que dejó abierta la lanza.

SOLEMNIDAD DEL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO.

«…El pan bajado del Cielo.» El más grande regalo que nos ha dejado Dios, la presencia eterna de su Hijo entre nosotros; Él está ahí, en ese pedazo de pan ázimo y en ese sorbo de vino que tomamos en la eucaristía, y esto es lo que nos da vida, la vida verdadera, la de la alegría profunda por sabernos tan amados, la de la esperanza, la de la unidad porque en su cuerpo y en su sangre nos reunimos todos, compartimos nuestra fe, nuestro amor.

Que el Señor aumente nuestra fe para que siempre que comulguemos lo veamos presente entre nosotros.

SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD. Día Proorantibus.

Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva. En su Evangelio, Juan había expresado este acontecimiento con las siguientes palabras: « Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que todos los que creen en él tengan vida eterna » (cf. 3, 16). La fe cristiana, poniendo el amor en el centro, ha asumido lo que era el núcleo de la fe de Israel, dándole al mismo tiempo una nueva profundidad y amplitud. En efecto, el israelita creyente reza cada día con las palabras del Libro del Deuteronomio que, como bien sabe, compendian el núcleo de su existencia: « Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es solamente uno. Amarás al Señor con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas » (6, 4-5). Jesús, haciendo de ambos un único precepto, ha unido este mandamiento del amor a Dios con el del amor al prójimo, contenido en el Libro del Levítico: « Amarás a tu prójimo como a ti mismo » (19, 18; cf. Mc 12, 29- 31). Y, puesto que es Dios quien nos ha amado primero (cf. 1 Jn 4, 10), ahora el amor ya no es sólo un « mandamiento », sino la respuesta al don del amor, con el cual viene a nuestro encuentro.

Deus caritas est. Benedicto XVI

SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS

Hoy es Pascua de Pentecostés, es día de alegría, es el día del Espíritu, del defensor, del que nos acompaña, del que nos alumbra y nos guía. Hoy se acabó el miedo de los apóstoles, hoy salieron a conquistar el mundo con la palabra que el amor de Jesús les trajo del Padre.

Ven, Espíritu Santo, sácanos de los miedos que nos atenazan y nos nos permiten salir de nosotros mismos; danos la fuerza para anunciar la buena nueva, danos la luz para encontrar a los que más nos necesitan y para no perder nunca el camino.