DOMINGO III DE CUARESMA (Ciclo B)

Crisóstomo, in Ioannem, hom. 22-23

 «Y dijo a los que vendían palomas: “Quitad esto de aquí. No hagáis de la Casa de mi Padre una casa de mercado”.» Llama Padre a Dios, y no se ofenden porque creían que decía esto por sencillez; pero como después lo dijo con más claridad, y dejaba conocer la igualdad, se enfurecieron contra El. Y San Mateo dice (Mt 21,13) que cuando los arrojaba les increpaba diciéndoles: “No queráis hacer mi casa cueva de ladrones”. Hizo esto cuando se aproximaba su pasión, y por eso usaba de palabras más duras. Mas lo que ahora dice San Juan sucedió al principio de su predicación, y por eso no usa de términos duros, sino suaves.

¿Pero qué fin se propuso el Salvador al obrar con tanta vehemencia? El que había de curar en día sábado y había de hacer muchas cosas que parecían contrarias a la Ley, hizo esto, aunque con peligro, para no aparecer como enemigo de Dios, dando a entender que aquél que en los peligros se expone por el honor que se debe a la casa de Dios, no menosprecia al Señor de ella, y por lo tanto, para demostrar su conformidad con Dios, no dijo “la casa santa”, sino “la casa de mi Padre”. Y por esto añade también el Evangelista: «Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito: El celo por tu Casa me devorará.».

 «Los judíos entonces le replicaron diciéndole: “Qué señal nos muestras para obrar así?”»¿Pero acaso necesitaban de alguna señal para dejar de hacer lo que tan indebidamente hacían? ¿Acaso el estar poseído de este gran celo por la casa del Señor no era el mayor de todos los signos? Los judíos se acordaban de las profecías y sin embargo, pedían una señal, sin duda porque sentían que se interrumpiese su ganancia; ¡torpes! ¿Y querían por esto evitar que el Salvador procediese de tal manera? Sin duda querían moverlo, o bien a que hiciese milagros o a que desistiese de hacer lo que hacía. Por lo tanto, no les da señal alguna, como respondió más adelante a los que también se lo pidieron, diciéndoles lo mismo que a aquéllos: “Esta generación mala y adúltera desea una señal, pero no se le dará otra que la del profeta Jonás” (Mt 12,39). Pero entonces respondió lo mismo con más claridad; ahora se nos dice también, pero con más oscuridad: mas Aquél que se adelanta dando señales a los que no las piden, seguramente no hubiera rechazado aquí a los que las pedían, si no hubiese sido porque conoció su mala intención.

 «Jesús les respondió: “Destruid este Santuario y en tres días lo levantaré.”» Y ¿por qué les da como signo el de la resurrección? Porque esto era principalmente lo que daba a conocer que Jesús no era un puro hombre; que podía triunfar de la muerte y destruir en poco tiempo su larga tiranía.

 Dos razones había que se oponían a que los discípulos del Señor comprendiesen esto: una, la misma resurrección, y otra, que era la mayor, a saber, que era Dios el que habitaba en aquel cuerpo, y que el Señor estaba oculto cuando decía: “Destruid este templo y en tres días lo levantaré”, etc. Y por lo tanto añade: «Cuando resucitó, pues, de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho eso, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había dicho Jesús.»

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