SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y LA SANGRE DE JESUCRISTO

Quédate conmigo, Señor, porque es necesario que estés presente para que no te olvide. Ya sabes lo fácil que te abandono.

Quédate conmigo, Señor, porque soy débil y necesito tu fuerza para no caer tan a menudo.

Quédate conmigo, Señor, porque tú eres mi vida, y sin ti, no tengo fervor.

Quédate conmigo, Señor, porque tú eres mi luz, y sin ti, estoy en tinieblas.

Quédate conmigo, Señor, para mostrarme tu voluntad.

Quédate conmigo, Señor, para que escuche tu voz y te siga.

Quédate conmigo, Señor, porque deseo amarte mucho y estar siempre en tu compañía.

Quédate conmigo, Señor, si deseas que te sea fiel.

Quédate conmigo, Señor, porque por pobre que sea mi alma, quiero que sea un lugar de consuelo para Ti, un nido de amor.

Amén

San Pío de Pietrelcina

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