DOMINGO XVIII DEL TIEMPO ORDINARIO (Ciclo B)

Qué certera es la Palabra de Dios, cuán eficaz y oportuna! Hoy alguien vino a visitarnos, a hacer una pregunta, alguien a quien conocemos bastante bien; una persona buena, disponible, incapaz de ofender a nadie, pero triste, deprimido, apesadumbrado.

Hacía tiempo que no le veía y le pedí que no se alejara de nosotras. Me sorprendió un tanto su respuesta: Ya no me interesa nada, ya no creo que Jesús pueda hacer nada por mí; en realidad me pregunto por qué me hace sufrir tanto.

Es difícil contestar a estas preguntas. Y esta es razón de pena para mí, pues estoy ante una persona que realmente no conoce a Dios y porque no lo conoce, sufre. ¿Cómo explicarle a una persona que no conoce a Dios que está triste, que se siente tan mal, precisamente por eso?

Mientras le oía hablar, yo pensaba, pero si serás el primero en el reino de los cielos, pero si verás a Dios cara a cara porque al que mucho se le ha dado, se le quitará, pero al que nada ha recibido, recibirá en abundancia.

Hoy te pido, Señor, por todas esas personas que van por la vida sin conocer el camino, sin saber que tú les guías y les conduces adonde les conviene.

Sé tú, Jesús, el pan de vida para todos los que no te conocen, para los atribulados, los agobiados. Acógelos en to corazón y muéstrales tu misericordia.

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