FIESTA DE SANTA TERESA DEL NIÑO JESÚS, Patrona de las misiones

El 1 de octubre se celebra la fiesta de santa Teresita del Niño Jesús y de la santa Faz, también conocida como santa Teresa de Lisieux.

He dedicado muchas entradas a hablar de ella. Aquí recojo algunas, que pueden consultar haciendo un click sobre los títulos:

– La familia de santa Teresita. Presentación de los padres y hermanas de Teresita.

– Hablando de santa Teresa de Lisieux. Les propongo tres cortos videos en los que hablo de santa Teresita. El primero es una presentación general, en el segundo comento una poesía de la santa, en el tercero repaso su biografía.

– Santa Teresita en mil palabras. Breve presentación de su vida y enseñanzas.

– Santa Teresita en su contexto histórico. Aquí presento su ambiente histórico, para que podamos comprender mejor su contexto y la novedad de su propuesta.

– Santa Teresita, enamorada de Jesús. Santa Teresa de Lisieux no habla de Dios en abstracto. Ella no está enamorada de un Dios sin nombre ni figura, sino de Jesús de Nazaret, de su evangelio, de los misterios de su vida mortal, de su presencia gloriosa en los sacramentos de la Iglesia y en el corazón de los creyentes…

– Teresa de Lisieux: una maestra del evangelio. Al leer los escritos de santa Teresita se puede comprobar que ella está convencida de que el maestro divino la instruye cuando lee la Sagrada Escritura, en la que encontró la iluminación para sus intuiciones más profundas…

– Teresa de Lisieux: la justicia y la misericordia de Dios. En cierto momento de su vida, Teresa comprende que en Dios no puede haber diferencias entre la justicia y la misericordia. La justicia distributiva pide dar a cada uno lo suyo, pero hay otra manera de justicia más radical, que consiste en la honestidad, en hacer lo que se tiene que hacer, en actuar en conformidad con la naturaleza de las cosas…

– La auto-aceptación en santa Teresita del Niño Jesús. Teresa no solo acepta resignada su debilidad; termina por asumirla gozosamente, por amarla, sabiendo que no es ella la que tiene que salvarse a sí misma. La salvación es algo tan precioso que solo se puede recibir como un regalo inmerecido. Para ella, este fue el inicio de su liberación interior, de su madurez espiritual, de su paz tan profunda.

– La «confianza sin límites» de santa Teresita. Teresa sabe que una madre no se enfada cuando su hijo pequeño, que está aprendiendo a caminar, cae al suelo; sino que se preocupa por si se ha hecho daño y le levanta con afecto, animándole a volver a intentarlo. Lo mismo hace Dios: él sabe que estamos aprendiendo a ser santos y no se enfada por nuestras faltas, porque nos ama y solo desea nuestro bien. Por eso nos ayuda a levantarnos después de cada caída y nos da ánimos…

– Teresa de Lisieux: Las manos vacías. Teresa comprende que, ante Dios, sus obras no tienen ningún valor. Ni las buenas ni las malas, ya que «ante el Señor, todas nuestras obras no son nada» y los pecados de los que confían en él son «como una gota de agua echada en un brasero ardiente». Como consecuencia, se decide a presentarse ante Dios «con las manos vacías». No quiere acumular méritos ni reclamar ningún premio por sus obras, ya que sabe que Dios desea darle mucho más de lo que ella merece y mucho más de lo que ella puede soñar: a sí mismo. Quiere amar a Jesús «con locura», pero sin llevar cuentas de las obras del amor, sin cálculos humanos, gratuitamente…

– El caminito «de la infancia espiritual» de santa Teresita. Teresa alcanza la cima de su madurez cuando emprende su «caminito» de confianza y abandono; se hace grande al reconocerse pequeña e imperfecta ante Dios, al reconciliarse con su verdad y con su historia, al no esperar la salvación de sí misma, sino solo de Dios: «Jesús se complace en mostrarme el único camino que conduce a esa hoguera divina; ese camino es el abandono del niñito que se duerme sin temor en los brazos de su Padre»…

– Teresa de Lisieux: Su experiencia de solidaridad con los incrédulos. Este aspecto es, posiblemente, lo que más sorprende a nuestros contemporáneos y lo que la hace más cercana a nosotros.

– Ven y reina en mi pecho nada más que por hoy. En este poema, Teresa dice a Jesús que solo tiene el momento presente para amarle, le pide que la sonría, que descienda a su pecho «nada más que por hoy»…

– Vivir de amor. Poesía de santa Teresita. En ella, Teresa reflexiona sobre lo que significa vivir y morir de amor. Ella sabe que morirá pronto y está escribiendo su autobiografía con una mirada serena y madura sobre su presente, pasado y futuro….

– Santa Teresita y el Sagrado Corazón. Santa Teresita compuso una preciosa poesía al Sagrado Corazón de Jesús, para cantar con una melodía popular. Teresa dice que busca un corazón que la ame tal como ella es, que ame todo en ella (no solo lo agradable) y que la ame para siempre. Algo imposible de hallar sobre la tierra…

– Santa Teresita y el Corpus Christi. Teresa deshojó su vida a los pies de Jesús, como una ofrenda de amor. Lo cantó en una poesía que se titula «Arrojar flores»…

– Santa Teresita y la Virgen María. Santa Teresa dice en sus escritos que no le gustan las vidas “imaginadas” de María. No necesita oír hablar de sus “privilegios” para amarla. A ella le basta con lo que dice el evangelio: que María es una mujer sencilla, modelo de fe y de servicio. Efectivamente “es más madre que reina”. Antes de morir quiso dejar en una poesía todo lo que pensaba de María. Transcribo algunas líneas de esta poesía (la última que escribió), que ella tituló “Por qué te amo, María”.

– Poesía de santa Teresita a san José. En ella reflexiona sobre la vida escondida de san José, hecha de contemplación y de servicio a Jesús y a María, en pobreza y en soledad…

– Textos cantados de santa Teresita. Un canto en su honor del grupo mexicano Jesed y una selección de frases suyas cantadas por las carmelitas descalzas de Mar del Plata en Argentina.

– La misión de santa Teresita en la Iglesia. Ella es consciente de que sus escritos «pueden hacer mucho bien», por eso insiste en que «es muy importante» que se publiquen. También intuye que los que los leerán le agradecerán que los haya escrito y afirma que «todo el mundo me amará»…

– Historia póstuma de santa Teresita. Historia de sus escritos, del proceso de canonización y del «huracán de gloria» que la envolvió.

– Santa Teresita sigue siendo actual. La vida de Teresita es historia de salvación y sus intuiciones espirituales las ha vivido antes de ponerlas por escrito. El teólogo Hans Urs von Balthasar presentó a Teresa de Lisieux como el modelo en quien se realiza plenamente la fusión entre teología y espiritualidad…

– Santa Teresita y los Papas. Todos los Papas que han vivido después de santa Teresita han tenido palabras elogiosas hacia ella. Aquí recojo algunos testimonios.

– Viajes de las reliquias de santa Teresita. Los restos mortales de Santa Teresa de Lisieux se encuentran recorriendo el mundo desde 1994 en una extraña peregrinación, lo que supone un acontecimiento mundial sin precedentes. Normalmente son los fieles los que peregrinan a los lugares santos, como Jerusalén, Roma o Santiago de Compostela. En este caso es al revés, son las reliquias de Santa Teresita las que visitan a los fieles…

– Santa Teresita y «La leyenda del santo bebedor». A la luz de las enseñanzas de santa Teresita, podemos comprender que la narración de Roth quiere mostrar que incluso un gran pecador, un fracasado, alguien cuya vida aparentemente no tiene ningún valor, puede aspirar a la salvación, a condición de que reconozca la propia incapacidad de salvarse y no pierda el deseo de ser salvado…

Padre Eduardo Sanz de Miguel, OCD

DOMINGO XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO (Ciclo B)

San Juan de la Cruz, Subida al Monte Carmelo, 3, 45

[…] Para que la doctrina pegue su fuerza, dos disposiciones ha de haber: una del que predica y otra del que oye; porque ordinariamente es el provecho como hay la disposición de parte del que enseña.

Que por eso se dice que, cual es el maestro, tal suele ser el discípulo. Porque, cuando en los Actos de los Apóstoles aquellos siete hijos de aquel príncipe de los sacerdotes de los judíos acostumbraban a conjurar los demonios con la misma forma que san Pablo, se embraveció el demonio contra ellos, diciendo: A Jesús confieso yo y a Pablo conozco; pero vosotros ¿quién sois? (Ac 19,15) y, embistiendo en ellos, los desnudó y llagó. Lo cual no fue sino porque ellos no tenían la disposición que convenía, y no porque Cristo no quisiese que en su nombre no lo hiciesen; porque una vez hallaron los Apóstoles a uno que no era discípulo echando un demonio en nombre de Cristo, y se lo estorbaron, y el Señor se lo reprehendió, (diciendo): No se lo estorbéis, porque ninguno podré decir mal de mí en breve espacio si en mi nombre hubiese hecho alguna virtud (Mc 9,38).

Pero tiene ojeriza con los que, enseñando ellos la ley de Dios, no la guardan, y predicando ellos buen espíritu, no le tienen. Que por eso dice por san Pablo (Rm 2,21): Tú enseñas a otros, y no te enseñas a ti. Tú que predicas qué no hurten, hurtas. Y por David (Ps 49,16-17) dice el Espíritu Santo: Al pecador dijo Dios: ¿Por qué platicas tú mis justicias y tomas mi ley con tu boca, y tú has aborrecido la disciplina y echado mis palabras a las espaldas? En lo cual se da a entender que tampoco les dará espíritu para que hagan fruto.

DOMINGO XXV DEL TIEMPO ORDINARIO (Ciclo B)

Es muy ilustrativa para reconocer nuestra propia limitación e incomprensión de Cristo, esta actitud de los apóstoles.

Ya a estas alturas del evangelio de san Marcos habían oido a Jesús hablar de su propia muerte y resurrección;ya había visto muchos milagros realizados por Cristo; lo había visto transfigurado; había recibido, ellos mismos, poder para expulsar a los demonios; sin embargo, ahora, al volver a escuchar el anuncio de la muerte, entre ellos discuten quién es el más importante; sus oídos se habían cerrado a las palabras de Jesús, y sólo se oían a sí mismos.

¿Y nosotros? Cuántas veces hacemos lo mismo que los apóstoles, quizás de manera algo diferente pero, en esencia, lo mismo.

Hacemos muchas de las cosas de que las que se nos habla en las dos primeras lecturas: nos molesta que nos cambien los planes, que nos echen en cara nuestras debilidades, buscamos la ocasión para dejar al otro en evidencia y nos creemos mejores que los  demás.

¿Por qué?

Porque nos falta la sabiduría que viene de lo alto y no sabemos distinguir entre lo que es nuestro deseo y lo que es voluntad de Dios; porque no sabemos discernir qué es lo que se nos pide , y perdemos el camino, que no es otro que el del corazón caritativo como el de Jesús.

San Isaac de Siria describe este corazón de la siguiente manera:

«Qué es un corazón caritativo?

Uno que se inflama de amor por la Creación entera, por los hombres, los animales, los demonios, por todas las criaturas. El que tiene este corazón no podrá recordar o ver una criatura que sufre sin que sus ojos se llene de lágrimas por la compasión inmensa que se apodera de su corazón. Y el corazón se vuelve dulce, y ya no puede soportar  el ver o saber por otros, un sufrimiento de cualquiera, aunque sólo fuese una mínima pena infligida a una criatura.

Por esto el hombre no cesa de rogar por los enemigos de la Verdad, por los que hacen daño, para que sean conservados y purificados. Ruega, incluso, por las serpientes, movido por la piedad infinita que se despierta en el corazón de los que se asimilan a Dios.»

Que así suceda entre nosotros, que por nuestra oración descubramos la unidad que nos es propia, porque somos consustanciales, y para que dejemos de preocuparnos por quién es más importante, como hicieron los apóstoles.

 

DOMINGO XXIV DEL TIEMPO ORDINARIO (Ciclo B)

San Juan Crisóstomo

Sobre el Evangelio de san Mateo: Satanás nos invita siempre a negar la Cruz

Homilía 54

Pedro considera los sufrimientos y la muerte de Cristo desde el punto de vista puramente natural y humano, y esa muerte le parece indigna de Dios, vergonzosa para su gloria. Cristo le reprende y parece que le dice: «¡No! Los sufrimientos y la muerte no son indignos de mí. Unas ideas a ras de suelo entorpecen y extravían tu juicio. Aleja toda idea humana, escucha mis palabras consideradas desde el punto de vista de los designios de mi Padre y comprenderás que solo esta muerte es la que conviene a mi gloria. ¿Crees que sufrir es para mí una vergüenza? Debes saber que es la voluntad del diablo que yo no lleve a cabo de esta manera el plan de salvación».

Que a nadie le suban los colores a la cara por los signos de nuestra salvación, tan dignos de veneración y adoración; la cruz de Cristo es fuente de todo bien. Es gracias a ella que vivimos, que somos regenerados y salvados. Llevemos, pues, la cruz como una corona de gloria. Ella pone su sello a todo lo que nos conduce a la salvación: cuando somos regenerados por las aguas del bautismo, ella está allí; cuando nos acercamos a la santa mesa para recibir el Cuerpo y la Sangre del Salvador, ella está allí; cuando imponemos las manos sobre los elegidos del Señor, ella está allí. Cualquiera cosa que hagamos, se levanta ella allí, signo de victoria para nosotros. Por eso la ponemos en nuestras casas, en nuestras paredes, en nuestras puertas; la trazamos sobre nuestra frente y nuestro pecho; la llevamos en nuestro corazón. Porque ella es el símbolo de nuestra redención y de nuestra liberación y de la infinita misericordia de nuestro Señor.

DOMINGO XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO (Ciclo B)

Juan Taulero

Sermón: ¿De dónde nos viene la sordera?

«Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos» (Mc 7, 37)
Sermón 49

Es preciso que examinemos de cerca qué es lo que hace que el hombre sea sordo. Por haber escuchado las insinuaciones del Enemigo y sus palabras, la primera pareja de nuestros antepasados han sido los primeros sordos. Y nosotros también, detrás de ellos, de tal manera que somos incapaces de escuchar y comprender las amables inspiraciones del Verbo eterno. Sin embargo, sabemos bien que el Verbo eterno reside en el fondo de nuestro ser, tan inefablemente cerca de nosotros y en nosotros que nuestro mismo ser, nuestra misma naturaleza, nuestros pensamientos, todo lo que podemos nombrar, decir o comprender, está tan cerca de nosotros y nos es tan íntimamente presente como lo es y está el Verbo eterno. Y el Verbo habla sin cesar al hombre.

Pero el hombre no puede escuchar ni entender todo lo que se le dice, a causa de la sordera de la que está afectado. Del mismo modo ha sido de tal manera golpeado en todas sus demás facultades que es también mudo, y no se conoce a sí mismo. Si quisiera hablar de su interior, no lo podría hacer por no saber dónde está y no conociendo su propia manera de ser.

¿En qué consiste, pues, este cuchicheo dañino del Enemigo? Es todo este desorden que él te hace ver y te seduce y te persuade que aceptes, sirviéndose, para ello, del amor, o de la búsqueda de las cosas creadas de este mundo y de todo lo que va ligado a él: bienes, honores, incluso amigos y parientes, es decir, tu propia naturaleza, y todo lo que te trae el gusto de los bienes de este mundo caído. En todo esto consiste su cuchicheo.

Pero viene Nuestro Señor: mete su dedo sagrado en la oreja el hombre, y la saliva en su lengua, y el hombre encuentra de nuevo la palabra.

DOMINGO XXII DEL TIEMPO ORDINARIO (Ciclo B)

Jesús nos enseña que es posible encontrar a Dios siempre y en todas partes, como recuerda un gran maestro de la vida espiritual, Francisco de Sales: «En la misma creación, Dios creador mandó a las plantas que diera cada una fruto según su propia especie, y mandó a los cristianos, que son como las plantas de su Iglesia viva, que cada uno diera un fruto de devoción conforme a su calidad, estado y vocación… Dondequiera que estemos, podemos y tenemos que aspirar a una vida. perfecta».

Debemos seguir manteniendo la distinción entre el mandamiento de Dios y la tradición/interpretación de los hombres. El primero es perenne, punto continuo de referencia y de valor absoluto; la segunda vale en la medida en que es auténtica lectura y ampliación del primero. Subsiste siempre el peligro de una desviación peligrosa, como muestra la casuística del corban. Precisamente para evitar errores burdos, Jesús nos recuerda la «moral del corazón», la que llega a la intención y garantiza ideas claras y limpias.

Y de este modo se rinde un precioso servicio a la verdad. ¿Cual? La miope de los fariseos, la limitada o interesada de nuestras discusiones. El poeta español Antonio Machado escribió: «Tu verdad, no; la verdad, / y ven conmigo a buscarla. / La tuya guárdatela». Debemos buscar una «verdad superior», no nuestra verdad.

Sabemos cómo y donde encontrar la verdad genuina, escuchando y actualizando estas palabras de Jesús: «Si os mantenéis fieles a mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; así conoceréis la verdad y la verdad os hará libres» (Jn 8,31s). Estaremos vacunados contra el fariseísmo y podremos adornarnos con el título de hombres libres porque somos cristianos.