DOMINGO III DEL TIEMPO ORDINARIO (Ciclo C)

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 1-4; 4, 14-21

En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan.

Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:

“El Espíritu del Señor está sobre mí,
porque él me ha ungido.

Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres,
para anunciar a los cautivos la libertad,
y a los ciegos la vista.

Para dar libertad a los oprimidos;
para anunciar el año de gracia del Señor.”

Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles:

—«Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír».

 

DOMINGO II DEL TIEMPO ORDINARIO (Ciclo C)

Alessandro Pronzato

Comentario: No tienen vino.

El Pan del Domingo. Ciclo C. Sígueme, Salamanca, 1985, p. 215.

Nunca como entonces se me ha presentado la Virgen en su específica función materna: la que me hace caer en la cuenta de lo que me falta.

Una madre preocupada de lo que no tengo.

Una madre que se da cuenta de lo que no soy… Como si me dijera: corres mucho, pero siempre llegas con retraso. Con retraso, sobre todo, respecto a ti mismo.

Te inquietas demasiado. Pero concluyes bien poco. Porque en tu existencia no hay espacio suficiente para el silencio, la adoración, la contemplación, la inutilidad. Sobre tu mesa está todo. Pero te falta… el resto. Eres pobre de lo esencial.

Hablas mucho de Dios, quizás demasiado. Y te olvidas con frecuencia de hablar con Dios, de dejarlo hablar.

Párate un momento, antes que sea demasiado tarde. Vive. No te dejes simplemente vivir. Vive de vida. No vivas del vacío, de la banalidad, de tonterías.

No rellenes el vacío con cosas inútiles. No debes limitarte a mirar con ansiedad el reloj. Has de dar un significado a los días, a las horas, a los minutos. Tienes necesidad urgente de un suplemento de ser.

“… No tienen vino”.

Vives sin alegría, y ni te enteras. Tu alegría, en efecto, es superficial, epidérmica, atada a la cantidad de bagatelas, y no anclada en las profundidades de tu ser. Y creo que esta función de “recordar” lo que nos falta es un quehacer de la Virgen en favor de todos los cristianos para que éstos, a su vez, lo ejerciten en favor del mundo entero.

En efecto, la función profética de la Iglesia me parece que consiste esencialmente en esto: Revelar y producir lo que falta a gente que se cree poseerlo todo. “La producción de bienes superfluos termina por hacer superfluo al hombre” (Passolini).

Nosotros, al contrario, debemos reafirmar la primacía absoluta del hombre. El hombre como medida de todo.

Debemos recordar que “Dios espera grandes cosas del hombre”.

FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR (Ciclo C)

San Juan Crisóstomo, obispo y doctor de la Iglesia

Homilía:

Homilía sobre el evangelio de Mateo, n° 12; PG 57, 201.

«El Espíritu Santo descendió sobre Jesús en forma de paloma» (Lc ,).

Consideremos el gran milagro que se produjo después del bautismo del Salvador; es el preludio de los que iban a venir. No se abre el antiguo Paraíso, sino el mismo cielo: ” tan pronto como Jesús fue bautizado, se abrieron los cielos ” (Mt 3,16). ¿Por qué razón, pues, se abren los cielos?—Para que os deis cuenta que también en vuestro bautismo se abre el cielo, os llama Dios a la patria de arriba y quiere que no tengáis ya nada de común con la tierra… Sin embargo, aun cuando ahora no se den esos signos sensibles, nosotros aceptamos lo que ellos pusieron una vez de manifiesto.

La paloma apareció entonces para señalar como con el dedo a los allí presentes y a Juan mismo, que Jesús era Hijo de Dios. Más no sólo para eso, sino para que tú también adviertas que en tu bautismo viene también sobre ti el Espíritu Santo. Pero ahora ya no necesitamos de visión sensible, pues la fe nos basta totalmente.

Pero ¿por qué apareció el Espíritu Santo en forma de paloma? —Porque la paloma es un ave mansa y pura. Como el Espíritu Santo es espíritu de mansedumbre aparece bajo la forma de paloma. La paloma por otra parte, nos recuerda también la antigua historia. Porque bien sabéis que cuando nuestro linaje sufrió el naufragio universal y estuvo a punto de desaparecer, apareció la paloma para señalar el final de la tormenta, y, llevando un ramo de olivo, anunció la buena nueva de la paz sobre toda la tierra. Todo lo cual era figura de lo por venir… Y, en efecto, cuando entonces las cosas habían llegado a un estado de desesperación, todavía hubo solución y remedio.

Lo que llegó en otro tiempo por el diluvio de las aguas, llega hoy como por un diluvio de gracia y de misericordia… No es tan solo a un hombre, a quien la paloma llama a salir del arca para repoblar la tierra: atrae a todos los hombres hacia el cielo. En lugar de una rama de olivo, trae a los hombres la dignidad de su adopción como niños de Dios.

SOLEMNIDAD DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR (Ciclo C)

San Bruno de Segni, obispo

Sermón: Oro, incienso y mirra

Sermón 1º sobre la Epifanía: PL 165, 863.

«Abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra» (Mt 2,11).

Los magos, guiados por la estrella llegaron desde Oriente hasta Belén y entraron en la casa en la que la bienaventurada Virgen María estaba con el hijo; abriendo sus tesoros, le ofrecieron tres dones al Señor: oro, incienso y mirra con los cuales le reconocieron como verdadero Dios, verdadero hombre y verdadero rey.

Son estos los dones que la santa Iglesia ofrece constantemente a Dios su Salvador. Le ofrece el incienso cuando confiesa y cree en él como verdadero Señor, creador del universo; le ofrece la mirra cuando afirma que él tomó la sustancia de nuestra carne con la que quiso sufrir y morir por nuestra salvación; le ofrece el oro cuando no duda en proclamar que él reina eternamente con el Padre y el Espíritu Santo…

Esta ofrenda puede también tener otro sentido místico. Según Salomón el oro significa la sabiduría celestial: «El tesoro más deseable se encuentra en la boca del sabio» (cf Pr 21,20)… Según el salmista el incienso es símbolo de la oración pura: «Suba mi oración como incienso en tu presencia» (Sl 140,2). Porque si nuestra oración es pura hace que llegue a Dios un perfume más puro que el aroma del incienso; y de la misma manera que este aroma sube hasta el cielo, así también nuestra oración llega hasta Dios. La mirra simboliza la mortificación de nuestra carne. Así pues, ofrecemos oro al Señor cuando resplandecemos ante él por la luz de la sabiduría celestial. Le ofrecemos el incienso cuando le dirigimos una oración pura. Y la mirra, por la abstinencia «cuando crucificamos nuestra carne con sus pasiones y deseos» (Ga 5,24), y llevamos la cruz siguiendo a Jesús.