Liturgia

/Domingo I Adviento C

paloma

La oración litúrgica y personal es una exigencia fundamental para alimentar vuestra contemplación: si «la oración es el «meollo” de la vida consagrada»,[39] más aún lo es de la vida contemplativa. Hoy en día muchas personas no saben rezar. Y muchos son los que sencillamente no sienten la necesidad de rezar o reducen su relación con Dios a una súplica en los momentos de prueba, cuando no saben a quién dirigirse. Otros reducen su oración a una simple alabanza en los momentos de felicidad. Al recitar y cantar las alabanzas del Señor por la Liturgia de las Horas, vosotras os convertís en voz de estas personas y, al igual que los profetas, intercedéis por la salvación de todos.[40] La oración personal os ayudará a permanecer unidas al Señor, como los sarmientos a la vid, y así vuestra vida dará fruto en abundancia (cf. Jn 15,1-15). Recordad, sin embargo, que la vida de oración y la vida contemplativa no pueden vivirse como repliegue en vosotras, sino que deben ensanchar el corazón para abrazar a toda la humanidad, y en especial a aquella que sufre. (Vultum Dei Quaerere) La búsqueda del rostro de Dios. Papa Francisco.

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DEDICACIÓN   DE  NUESTRA  IGLESIA

«Elijo y consagro este templo para que esté en él mi Corazón eternamente»

(II Cronicas, 7,16)

    Como cada año la Celebración de la Dedicación de nuestra iglesia el día 14 junio nos llena de gozo por el hermoso contenido de la Liturgia. Somos piedras vivas que formamos este Templo, que es Cristo.

    Con Zaqueo nos esforzamos por ver a Jesús, que nos trae «la bendición a esta casa».

    «Mi casa es Casa de oración»

    «Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos».

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