SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

«Estoy con vosotros todos los días». Aquí está expresada la totalidad del tiempo. Son las últimas palabras de Cristo y es la promesa más hermosa: su presencia continua en medio de su Iglesia. Si es cierto que su ascensión corporal es un dogma de nuestra fe, también lo es su presencia real en la Iglesia, sobre todo, en aquella presencia llamada «real» por excelencia: la Eucaristía. Jesucristo resucitado, con su cuerpo, sangre, alma y divinidad está sentado a la derecha de Dios y está en nuestros altares en el «pan de vida eterna» y en el «cáliz de salvación».

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